Todas las personas, en algún momento de nuestra vida, hemos necesitado y volveremos a necesitar ser cuidadas; hemos dado y daremos cuidado a otra persona. La necesidad de cuidado ha existido siempre, pero solo hace unas cuantas décadas se ha pensado que el cuidado es un valor que debe traspasar el ámbito familiar”.
Daniela Alegría¹
Conocí el trabajo de la editora, fotógrafa, activista y archivista mexicana Ana Victoria Jiménez a partir de sus fotografías de Cuaderno de tareas publicadas en el catálogo de Radical Women: Latin American Art, 1960-85² y en una visita en Ciudad de México a la casa de la artista feminista Mónica Mayer. Después tuve oportunidad de ir en varias ocasiones al archivo de Ana Victoria que fue donado por ella misma a la Universidad Iberoamericana y que, desde 2011, se ubica en la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero.
Este archivo te sorprende por la cantidad de memorias que contiene y por la manera en que Ana Victoria, quien varias veces ha compartido que no se consideraba archivista, sintió un impulso por coleccionar diversas materialidades por más de 30 años. Aquí encuentras: minutas de grupos feministas, carteles de manifestaciones, publicidad de exposiciones, catálogos, revistas y un mundo de fotografías tomadas por Ana Victoria que dan cuentan de la potencia que los movimientos feministas y de mujeres tomaron en los setenta y ochenta.
A Ana Victoria la conocí primero por su archivo. Luego, mi amiga Nina Hoechtl me la presentó un día en persona. Quedamos de vernos en su restaurante favorito, donde sirven platillos de comida rusa, el Kolobok. Entre una conversación informal como las que suceden a la hora de comer, recuerdo que Ana Victoria, que en ese momento tenía 80 años, nos mostró sus manos, la resequedad en una de ellas le había generado una mancha roja; me acuerdo bien porque la conversación iba por todos lados hablando de Rusia, el envejecer y la comida. Antes de seguir con lo mucho que disfrutaba del arenque, que preparan ahí con limón, cerró diciendo algo así: “Esto es por la edad, antes no me pasaba pero estoy bien”.



Manos con el puño cerrado en señal de protesta, manos sosteniendo carteles con denuncias, manos cargando una cámara. Las manos de Ana Victoria son también la memoria de años de activismo feminista. En cada mancha, en cada arruga hay una historia de las fotografías que tomó, de las minutas que escribió, los textos que editó, de las amigas y mujeres que acompañó, que sigue y de quienes la siguen acompañando.
Hablar de Ana Victoria me lleva inevitablemente a pensar en mi relación con el envejecer, con el ser vieja, con la fobia e infantilización social a las personas adultas. “El envejecimiento es un hecho que se desarrolla de manera paulatina y silenciosa en el cuerpo; incluso podríamos ubicar su presencia desde el momento en que nacemos” escriben María Fernanda Guerrero y Gabriela Pineda en un artículo sobre el envejecer en México³. Constantemente ignoramos este factor vital mediadas por un régimen de control médico y capitalista sobre lo que significa un cuerpo sano, vigoroso y trabajador para las sociedades occidentales. En este sentido, pese a que nacemos envejeciendo ¿cuándo cobramos conciencia de los cambios que corresponden a la vejez?, ¿a los 40?, ¿a los 50? ¿Qué historias cargan las manos llenas de arrugas?
Para reflexionar sobre lo que cargan nuestras manos a lo largo de la vida, quiero regresar a la serie Cuaderno de tareas, que Ana Victoria llevó a cabo entre 1978 y 1981. En ella, fotografió las manos de Mercedes, una amiga suya de cuando trabajaba en la Facultad de Economía de la UNAM. La serie muestra la acción reiterativa que implican las labores del hogar que Meche realizaba al regresar a casa: hacer de comer, lavar la ropa, regar las plantas, limpiar el baño, tejer, arreglar ropa y escribir.
Con el paso de los años, esas manos repetían la labor de trabajar afuera y dentro de la casa. ¿Quién cuida a las personas que cuidan? Ana Victoria quería que su serie se convirtiera en una agenda, una guía que de la mano de colectivo Atabal⁴ –cuya principal actividad se enfocaba en la capacitación sobre servicios de cuidado y mantenimiento– otorgaba herramientas a las mujeres trabajadoras del hogar para dar cuenta de la labor muchas veces no remunerada que llevaban a cabo. De ahí que el nombre, Cuaderno de tareas, hiciera alusión a esa acción diaria sin descanso que se repite como si fuera un deber que es el trabajo de cuidados y del hogar. Aunque ha habido muchos esfuerzos por imprimir el cuaderno como Ana Victoria lo tenía pensado, hasta el momento no se ha logrado su publicación⁵.
En 2023 Nina y yo curamos la exposición Cuaderno de tareas. Cuidarnos todxs, cuidarnos entre todxs, inaugurada el 26 de octubre en la Casa Rafael Galván de la UAM, ubicada en la colonia Roma Norte. Cuando empezamos a organizar el proyecto Ana Victoria se enfermó. La fragilidad de la enfermedad más los años de nuestra amiga nos llevaron a pensar en las implicaciones del cuidado en el envejecer. Entre las preguntas alrededor de Cuadernos de tareas, pensamos sobre el abandono social a la vejez y la falta de atención al cuidado desde una perspectiva colectiva e intergeneracional, por lo que el título de la exposición en vez de ser solo el de la serie, buscaba hacer alusión a la necesidad de practicar el cuidado como un acción en comunidad.

Al mostrar la serie realizada 40 años antes, no podemos pasar desapercibido lo vigente que sigue siendo la desigualdad en las labores reproductivas, de cuidado y del hogar. Trabajos mal o no remunerados, que se asumen deben ser realizados, principalmente, por mujeres cis y que tiene un sesgo de clase y raza sobre quién cuida a quién. El cuidado y mantenimiento se invisibiliza en su cualidad de trabajo y se considera como algo inherente a la feminidad. Ante esta mirada, la esfera del capital sigue alimentándose de la labor reproductiva y de cuidados, desvalorizando e invisibilizando dichas actividades.
Con estas premisas dentro de la exposición, planeamos una serie de actividades cuyo objetivo era profundizar en las labores de cuidado, el hogar, la vejez y, por supuesto, la importancia del archivo de Ana Victoria Jiménez con una charla impartida por la historiadora e investigadora de archivos Cecilia Sandoval Macías.


Imaginar entre trapos ft. Un trapazo fue organizado por Mauricio Patrón y Nabil Yanai, quienes junto a un grupo de trabajadorxs del hogar y artistas abrieron la conversación sobre el hogar y los cuidados, mientras lavaban trapos juntxs⁶. Entre el cansancio y la reiteración de estos trabajos, se apuntaba un momento de goce e intercambio del chisme en el lavado colectivo. Así, el encuentro concluía con la acción de tender los trapos sobre un espacio que alguna vez fue una casa y ahora es un lugar de exposiciones.

Imaginar entre trapos ft. Un trapazo, en el marco de la exposiciónCuaderno de tareas. Cuidarnos todxs, cuidarnos entre todxs. Casa Rafael Galván. Registro: UAM difusión.

Evocar el trabajo que no se ve, ¿qué manos sostienen los espacios que habitamos, no solo los que nombramos como casa, sino todos los lugares en los que pasamos tiempo? Manos que no se ven: las que limpian los baños, las que lavaban la loza, las que tienden camas, las que ponen la lavadora, las que cargan las bolsas del mercado.
Entre esas manos que cuidan, que nos cuidan y nuestras propias manos cuidando ¿cómo podemos hacernos conscientes de nuestro envejecer?, ¿qué podemos hacer como trabajadorxs culturales para procurarnos una vejez digna ante la precarización de nuestro campo?, ¿quién cuida a las mujeres y personas viejas? Para intentar dar respuesta a esto, invitamos a Rebeca Moscatel, fundadora y directora de Klinika del Encuentro⁷ dedicada a los cuidados gerontológicos, y a Tamara Gayol Massimi, abogada de arte⁸ cuyo enfoque es buscar estrategias para hacer del arte y la cultura un sector laboral digno, a participar en la charla Redes de cuidados y seguridad social.
Hago un breve paréntesis para dedicar espacio a esta imagen —perteneciente al Archivo de Ana Victoria Jiménez— que seleccionamos para la invitación, la cual corresponde al seminario “La mujer y la vejez” organizado en el municipio de Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, por VEMEA A.C. (Vejez en México – Estudio y Acción), asociación en la que ella participaba(9). En este encuentro feminista, sucedido del 18 al 21 de marzo de 1988, VEMEA invitó a diversas expertas —parteras, psicológas, juristas y economistas— a profundizar en los cuidados para un buen envejecer. Priorizando un ambiente de amistad y discusiones colectivas, las actividades incluían películas, música, convivencia y charlas en torno a la sexualidad, la psicología, los derechos humanos para personas viejas, así como la muerte.


Las inquietudes que VEMEA A.C. compartió durante su seminario siguen siendo discusiones abiertas que se reflejan en el trabajo que Rebeca Moscatel hace desde la Klinika. Durante su participación, Moscatel profundizó sobre los cuidados como un trabajo que debe ser colectivo y que debe procurarse desde temprana edad. El problema en torno a la vejez digna, decía, surge tanto del abandono social como de una falta de preparación por parte de nosotres para llegar a la etapa de adulto mayor. La vejez no es un tema taquillero, en el que se quiera pensar. Es una etapa de la vida invisibilizada socialmente. Los cuerpos viejos se ven como no deseados provocando un problema para la organización y prevención temprana del cuidado para el envejecer. Igualmente, enfatizó en cómo la vulnerabilidad social a las personas viejas, tiene que ver con la desinformación y la falta de recursos, así como un abandono del Estado pese a las políticas públicas implementadas en dichos temas.
Por su parte, Tamara abordó la necesidad de organizarse y demandar derechos como trabajadores culturales. Una de las ideas que destacó es la posibilidad de que lxs artistas hagan acuerdos de venta, en los que se estipule que al momento que sus obras se revendieran o expusieran, ellxs recibieran un porcentaje de la transacción. De lo que compartió Tamara, pensé en cómo las instituciones prestan poca atención a lxs artistas de la tercera edad. Se destaca más a “lx joven promesa” o incluso la trascendencia de lx artista después de muerto. ¿Cómo demandar el reconocimiento en vida de lxs trabajadores culturales apoyados desde los cuidados y la remuneración a su trayectoria artística y no solo en actos simbólicos? Estas preguntas quedan abiertas para seguir cuestionándonos e imaginar futuros con una vejez digna, pese a las crisis ecosociales que vivimos.
Han pasado poco más de dos años desde que conocí a Ana Victoria en persona y debo reconocer que este encuentro cambió mi manera de pensar las amistades intergeneracionales: Ana Victoria es la amiga con quien más comparto distancia de edad. Actualmente se encuentra en un asilo y aparte de las visitas de sus amigas, hemos logrado organizar un acompañamiento semanal con enfoque psicosocial por parte de La Klinika. Acompañarla ha implicado practicar formas de cuidados que prueban que estas van más allá del ámbito del parentesco. En este sentido, me resuena lo escrito por Martha B. Holstein, estudiosa en torno a la ética feminista y el envejecimiento, sobre la necesidad de apostar por generar microcomunidades para el cuidado de la vejez frente a una cultura que “prefiere rechazar la edad que reconocerla con todas sus complicaciones y ambiguedades”¹⁰.
Quiero cerrar comentando que en febrero de 2024 el archivo de Ana Victoria fue nombrado “Memoria del mundo”¹¹, lo que obliga a ser resguardado en condiciones óptimas para su investigación. Este es un logro digno de celebrarse para Ana Victoria. Ella coleccionó con sus manos una diversidad de materiales desde miradas y sentires multidireccionales. No hay lugar a dudas, sus manos están contenidas en este archivo, son años de una labor de cuidado y compromiso desde y para los feminismos en México.
Consultar su archivo es reactivar su presencia en esos eventos, lo que nos mueve como deudoras de las luchas de mujeres y feministas de los cuarenta años contenidos entre sus cajas. Leemos y revivimos cada fragmento para recordar que la historia de nuestras luchas es solo una continuación de lo que hicieron nuestras ancestras: una de ellas es Ana Victoria Jiménez.

Manos que envejecen, manos que pierden su fuerza, manos con huesos torcidos, manos que se aferran a vivir dignamente.
Imaginar el futuro y atender desde el presente los cuidados porvenir de nuestros cuerpos envejeciendo, implica accionarlos desde un nivel que abarca tanto procurar las microcomunidades planteadas por Holstein, como cuidar todos los mundos que nos rodean, como plantea la especialista en temas de cuidados Joan Tronto. Así, abrir el diálogo hacia el envejecer es romper con la gerontofobia social, hablar de nuestros cuerpos que mutan de piel e identidad en cada etapa y espacio que habitan.
*Este texto es posible gracias al acompañamiento y amistad de Nina Hoechtl y Ana Victoria Jiménez.
¹ Alegría, D. (2024) Las trampas del cuidado. En D. Alegría y L. Vivaldi (Eds.) Reflexiones feministas sobre los cuidados (p.77) Santiago de Chile, LOM Ediciones.
² Está exposición se realizó por primera vez en Septiembre del 2017 en el Hammer Museum, Los Ángeles, bajo la curaduría de Cecilia Fajardo Hill y Andrea Giunta.
³ Guerrero, M. y Pineda, G. (2009) Mujeres envejecidas: experiencias de envejecimiento en México Vejez. México, D.F., Debate Feminista, Año 21, Vol 42, Octubre 2010.
⁴ Sobre colectivo ATABAL consultar el Archivo Ana Victoria Jiménez y https://redtrabajadorasdelhogar.blogspot.com/2010/07/colectivo-atabal-ac.html
⁵ Actualmente Andrea Ancira desde la editorial tumbalacasa y Nina Hoechtl en colaboración con el Archivo Ana Victoria Jiménez en la Universidad Iberoamericana, reúnen esfuerzos para imprimir la versión original con información actualizada sobre derechos laborales y trabajo del hogar remunerado.
⁶ La lista de participantes a este encuentro fue conformada por: Nabil Yanai, trabajadora remunerada de hogar (2010-2018) y artista plástica y visual (2013-2017). Mauricio Patrón Rivera, gestor cultural, escritor e investigador transdisciplinario. Trabaja desde hace ocho años con y para trabajadoras del hogar. Virginia Ramírez Lucero. artista visual,pensadora y arqueóloga del territorio de lo doméstico desde Santiago de Chile. Guadalupe Romero de la Cruz. trabajadora del hogar, parte del Centro Nacional de Capacitación y Liderazgo para Empleadas del Hogar. Francisca Vázquez Aguilar. trabajadora del hogar, parte del Centro Nacional de Capacitación y Liderazgo para Empleadas del Hogar. Rodrigo Quintero Murguía, maestro en derechos humanos y tallerista con trabajadoras del hogar del Centro Nacional de Capacitación y Liderazgo para Empleadas del Hogar.
⁷ Para más información sobre el apoyo y asesorías que brinda La Klinika del encuentro para adultos mayores, consultar: https://www.laklinikadelencuentro.com/
⁸ Para más información sobre las asesorías legales que guía Tamara Gayol Massimi, consultar: https://todoporescrito.com/
¹⁰ Holstein M., “Sobre cómo envejecemos las mujeres” (pp. 52- 74) Trad al español: Nattie Golubov, Vejez (2009). México, D.F., Debate Feminista, Año 21, Vol 42, Octubre 2010.
¹¹ https://ibero.mx/prensa/reconoce-unesco-archivo-de-la-ibero-sobre-feminismo-como-memoria-del-mundo