Conozco a Francisco desde hace muchos años, diez más o menos. Estudiamos en la misma escuela, frecuentamos el mismo círculo pero nunca hablamos mucho. A lo largo de los años hemos sido espectros de comunicación ocasional. A Francisco lo conocí el pasado jueves 18 de abril.
Mucho se ha dicho ya de cómo se conforma la identidad sexual, denominada también ficción política viva, en un cosmos construido sobre lo que para Monique Wittig es el «pensamiento heterosexual»: un régimen político binario sobre el que se contruye este mundo, en el que coexistimos aún tratando de escapar. Frustrante es pensar en cómo aquella concepción binaria aparentemente esencial circunscribe una potencia de ser y actúa desde el primer contacto con la realidad como restricción a dos posibilidades. El cuerpo como rehén.
En EL ESPECTRO DE LO INVISIBLE, el despliegue expositivo de Francisco Javier Ramirez curado por Adriana Flores, el trabajo de investigación archivística realizadosaca a la luz el registro de la normalización de los cuerpos. Más que su normalización, la negación y ocultamiento de aquellos que salen de la dicha norma. Francisco es al tiempo investigador y testigo, da cuenta de cómo la homogeneización actúa en su cuerpo y la percepción de sí, en el archivo familiar se inscribe el afán por reencauzar y negar los comportamientos «no propios» del cuerpo con el que se ha nacido. Las pesquisas las hace a la par entre el archivo institucional y el personal, los desedimenta. Resignifica, sincroniza el pulso de ambos en una empatía de cuerpos negados.


Fotografías cotesía del artista
Francisco ensaya aquí la deconstrucción del cuerpo normado y una de las estrategias que emplea es el borramiento de la propia imagen y su vuelta a edificar mediante capas en proceso: una a una, modifica el cuerpo, impide los sentidos, aquellos que median con una realidad única para manifestar otra posibilidad, desde otra potencia sensible. No hay voluntad de configurar una identidad fija, única, si no una poliédrica, de metamorfosis caprichosa que adopte la forma que el deseo pide, capas que no sedimentan, dinámicas.



Hay un interés por explorar las posibilidades de la materia plástica, del blanco y negro al color, en video, pintura y grabado, y cada uno de estos medios enlazados y alterados airean y vuelven a la luz en yuxtaposición. Las pinturas, donde supura expresionismo, son formas plásticas de actualización de archivo que reinterpreta el cuerpo fuera del aislamiento y negación social y también fuera del enclaustramiento al que estaba condenado por su propia condición.
En la investigación artística, y lo que vemos en EL ESPECTRO DE LO INVISIBLE, Francisco interviene en el archivo como interviene en la conceptualización de su propio cuerpo, lo que ya establecido y supuestamente dado lo modifica, se vuelve plástico en el sentido de maleable. Frente a frente el cuerpo del artista y el archivo convocan un encuentro insólito de masas negadas diacrónicamente.

Pienso que no es espectro y por lo tanto es visible, somos tú y yo. Cuerpos plásticos, que no líquidos porque somos contenedores, no nos adaptamos, elegimos nuestra morfología. Francisco entiende que el cuerpo debe de estar unido al deseo y ser la realidad del deseante. La historia y el poder se encarnan y nos homogenizan, el encuentro que sucede en EL ESPECTRO DE LO INVISIBLE es una posibilidad de exorcismo y desnormalización que tiene ocación en Tlaxcala 3.

Javier Zugarazo (CDMX, 1990). Editor de la revista Chiquilla te quiero de arte en México y América Latina y su versión digital Chiquilla electrónica. Licenciado en Artes Visuales por la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM y estudiante de Lengua y Literatura Hispánicas en la misma universidad. Se ha desarrollado en las áreas de edición, curaduría, escritura de arte, museografía y gestión en proyectos independientes y espacios museísticos gubernamentales.
Fotografía del encabezado por Aimée Suárez