La Unión de Feministas Engendrando Nuevos Sistemas (UNFES) presenta Somos mares, ríos, flores, minerales, volcanes, montañas, y compost en todos los espacios del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) en San José, Costa Rica, a partir del 29 de mayo de 2025. La exhibición cuenta con más de 40 obras realizadas en Centroamérica por artistas de la colectiva, colectivas aliadas y la colección MADC. UNFES está conformada por ocho artistas, curadoras y activistas feministas de diversos países centroamericanos: Maya Juracán (Guatemala), Emilia Yang (Nicaragua / Costa Rica), Marilyn Boror Bor (Guatemala), Gabriela Novoa (El Salvador), Ana Laguna (Panamá), Mariela Richmond Vargas (Costa Rica), nara ila (Nicaragua) y Risseth Yangüez Singh (Panamá) y las colectivas de las que son parte.
En el marco de esta exposición, Chiquilla preguntó a cada una de las integrantes de UNFES, qué es para ellas la resistencia y desde dónde lo hacen. Aquí presentamos sus voces.
Resistimos juntando nuestras resistencias, reconociéndonos CENTROAMERICANXS y habitando nuestro territorio como un espacio de luchas y alegrías compartidas.
Honrando nuestra relación y vínculos con nuestras ANCESTRES, MAESTRAS, ARTISTAS, BIÓLOGAS, INVESTIGADORAS, CINEASTAS, ACTIVISTAS agradeciendo el camino que nos abrieron para seguir ensanchando la ruta y los espacios a los que tenemos acceso para otras generaciones.
Creando REDES DE APOYO, COMPLICIDAD y ESPACIOS SEGUROS ante un sistema que individualiza y que crea mayores vulnerabilidades.
Compartiendo CONOCIMIENTO sobre arte feminista y anti-racismo a través de conversatorios, talleres y proyectos de memoria, biblioteca y archivo.
Haciendo INTERVENCIONES públicas para pedir justicia para todxs las víctimas de los estados y la violencia machista en Centroamérica
Mirando y construyendo la FUTURX, proponiendo caminos alternos, no replicando las estructuras de espacios machistas y patriarcales, haciendo nuestro propio pastel para compartirlo con otrxs (citando a Aura Cumes), engendrando nuevos sistemas.
Maya Juracán, Guatemala – curadora
Ofrendo el fuego, las palabras, la rabia, mi necedad y la necedad de mis abuelas desplazadas, sobrevivientes de genocidio, ofrendo las revueltas, el ocote, piñas, velas e invoco a las Revoltosas, para que nuestro fuego jamas se extinga.

Resistir desde el arte
Para mí la resistencia es un acto profundo de amor hacia la humanidad. No resistimos porque sea una elección libre o un simple deseo. Resistimos porque no hay otra opción: quedarse calladas no es una alternativa, y quedarse inmóviles frente a la injusticia, tampoco. En un mundo que constantemente intenta silenciar nuestras voces y borrar nuestras memorias, el arte se convierte en un campo de batalla.

Resistir, muchas veces, es también crear un espacio para el encuentro, el gozo, la sanación y el crecimiento personal. La resistencia no siempre grita, a veces canta, borda, baila, pinta, narra, sueña. Hay múltiples formas de resistir y una de las más dignas es hacer arte desde nuestros propios parámetros, desde nuestras propias expectativas, sin pedir permiso ni esperar validación.
El arte que nace desde nuestras raíces, desde nuestras luchas y nuestras ternuras, es una forma poderosa de desafiar los sistemas que nos oprimen. Resistir desde el arte es reclamar el derecho a imaginar otros mundos posibles.
Emilia Yang, Nicaragua/Costa Rica – Curadora y artista
Ofrendo el agua, que guarda la sabiduría de la tierra y las emociones en nuestro cuerpo. El agua compañera de duelos y conexión entre Nicaragua y Costa Rica. Estoy aquí para sembrar esperanza. Invoco a mis ancestros perseguidos políticos, a las víctimas de la violencia de estado en Nicaragua y a sus familiares para que nos acompañen y juntas hagamos eco de las demandas de verdad, justicia y libertad.
Resistir desde la memoria
Resisto desde que experimenté muchas formas de borrado, de violencia de estado y de género. Resisto en singular y resistimos en plural, porque parte de mi resistencia ha sido resistir y sostener luchas en colectivo. Resisto creando comunidades que imaginan la posibilidad de una Centroamérica y una Nicaragua liberada, feminista y diversa.
Como parte de las víctimas del estado de Nicaragua, resistimos al terrorismo de Estado, a la criminalización de la defensa de los derechos humanos, a la deshumanización de las víctimas, a la impunidad y al régimen de terror del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, creando juntxs un archivo y museo comunitario sobre quiénes fueron las víctimas, qué les sucedió y cómo desean ser recordadas por sus familias.
Me hago eco de las palabras de Rana Barakat, profesora de historia en la Universidad Birzeit de Palestina, cuyas palabras resonaron profundamente con mi trabajo sobre cómo resistimos como forma de vida, de ser, existir y sobrevivir: “Es nuestro deber registrar este momento, no como víctimas, sino como quienes lo recordarán, lo registran, lo sobrevivirán, lo resistirán y regresarán”.

Como feminista y artista nicaragüense resisto nombrando, narrando, escuchando, mirando; resistimos al miedo y la parálisis aún en el exilio. Resistimos con aquello que puede vencer a la muerte: el amor. Resistimos colectivizando el dolor, la esperanza y la sed de justicia. También resistimos poniendo el cuerpo en el centro. Resistimos para defender la vida y decidir los procesos necesarios para alcanzar la vida digna que deseamos como comunidad.
Ana Laguna, Panamá – curadora
Ofrendo un peine como símbolo de cuidado, la memoria como tejido vivo, mi paciencia como ofrenda, y mis ganas de aprender como promesa. Invoco a mis ancestros que volvieron la vida poesía, a mis antepasadas que susurraron saberes, a las que rompieron el silencio para que yo pudiera hablar. Llamo a las mujeres que me han acompañado, a las que me cuidaron, a las que me cuidan, las que me enseñan a resistir, a las que abrieron sendas antes de que yo supiera caminar.

En mi caso, mi práctica parte de preguntarme cómo se dicen las cosas y desde dónde se muestran las cosas. Me interesa la parte ligada a la recuperación de memorias, personales, colectivas, silenciadas, archivadas, y a cómo contextualizamos los discursos para que no se repitan las mismas exclusiones de siempre y que el público que rodea el espacio de la exposición pueda sentirse identificado o por lo menos, pueda relacionar algo de una obra y de su cotidiano.

También veo la resistencia como el cuidado de detalles, preguntarme a quién se representa y cómo, desde qué archivo o cuerpo, desde dónde se habla, con qué voz. Me interesa pensar la curaduría como un gesto de cuidado, una práctica de mediación afectiva que nos permita complejizar lo que vemos y sentimos.
Es urgente hablar de las resistencias específicas de las artistas y curadoras centroamericanas: nuestras luchas feministas, nuestras formas de habitar el género, el racismo que atraviesan nuestros cuerpos y las muchas barreras que aún existen para nombrarnos, visibilizarnos y circular en el campo del arte. Esta exposición también es una forma de insistir en que nuestras historias merecen ser contadas con nuestras propias palabras.
Gabriela Novoa, El Salvador – Artista
Ofrendo ramas de ruda para acompañar la rabia, por todas las injusticias hacia las mujeres y niñas, para sanar la piel de las ancestras en nuestra propia piel, ofrendo la miel para abrazar los cuerpos criminalizados, violentados, para hacer de la libertad y el goce algo cotidiano y nuestro.

Resistir para mi es un acto cotidiano, no desde el dolor sino desde el goce, como la forma más honesta de conservación de la dignidad y de la ternura, resistir y seguir maravillandose por la vida, por la belleza aun en medio del caos. Para mí, resistir es un baile, es confiar en el otro y en la otra aún cuando el Estado construya mecanismos que criminalizan las diferencias, la libertad de expresión y las colectividades. Resistir para mi es un acto de esperanza por los futuros: los que nombramos y los que soñamos para que se hagan realidad.
Resistir también lo hago desde el arte, con amigas, y con las que no lo son, para que las diferencias no sean más que diálogos, consensos, gestos colectivos de resistencia amorosa frente a la opresión que nos quiere aisladas, enojadas y tristes.

Resistir para mi es convertirse en orquídeas nativas que crecen en medio del tendido eléctrico: crecen, juntan sus raíces flotantes entre toda esa potencia eléctrica y aún así florecen, transformando esa tensión en luz, resistir para mi es soñar con una raíz más al lado de la mía, un abrazo más para construir un bosque entero que flota, construir una pequeña dosis de esperanza, eso para mi es resistir.
Marilyn Boror, Guatemala – Artista
Ofrendo cacao, velas de cebo, barro, hilos. Elementos naturales, heredados para su uso en rituales y ceremonias de la vida. Estamos aquí para seguir abriendo camino. Invoco a todas mis ancestras y agradezco el camino que abrieron en medio de la maleza espesa.


Resistencia para mí es la acción de sostener la memoria, el territorio y la dignidad de los pueblos mayas frente a la historia de invasión, colonización, despojo e invisibilización. Es una práctica individual y colectiva que se manifiesta en nuestros rituales diarios, la palabra, la música, la acción, la cocina, los rituales alrededor de las plantas, nuestros textiles y la comunidad, para desafiar el olvido y abrir caminos de justicia y devolución. Para mí, resistir es archivar, nombrar, sembrar y crear espacios donde la voz y lo saqueado regrese a su territorio.
Mariela Richmond, Costa Rica – Artista
Ofrendo un puñado de semillas. Las semillas son la espera después de la cosecha, son el motor de la conservación. Invoco a quienes continúan sembrando la tierra, pensando en el futuro colectivo, en la bio-diversidad y en nuestro vínculo con el bosque.

En Centroamérica, donde la tierra ha sido testigo de conquistas, despojos y resistencias, las mujeres hemos convertido el acto de sembrar en un gesto político. Las semillas no sólo germinan frutos; guardan memoria, sostienen la vida y tejen redes de cuidado comunitario. Para las feministas que trabajamos con y desde la tierra, cada surco abierto es un acto de rebeldía contra un sistema que busca mercantilizar los territorios y silenciar nuestras voces.
En Honduras, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y más allá, las mujeres defensoras del territorio enfrentan amenazas por proteger los bienes comunes: agua, bosques, cultivos ancestrales. Sus luchas, que hago mías, son múltiples: contra los megaproyectos que arrasan con los ecosistemas, contra el patriarcado que nos niega autonomía sobre nuestros cuerpos y tierras, y contra el olvido que intenta borrar sus saberes. Pero juntas persistimos, como persisten las semillas criollas —escondidas, compartidas, replantadas— para que ningún poder nos erradique.

nara ila, Nicaragua – Artista
ofrendo papel hecho a mano de los residuos del quehacer agroecológico como récord del territorio y trabajo que lo sostiene, como segunda piel del quehacer artístico migrante y como archivo de una colaboración ancestral humana y más-que-humanas hacia una pulsión de vida digna, poética y situada.


Resisto como futuro ancestre, junto a mis transcestres; con el duelo como medicina, con la atención como filamento que teje membranas, con la voz, que es siempre colectiva, con ofrecerte una taza de café. Resisto desde el Istmo, desde los intersticios, desde el migrar, desde la memoria muscular -que es siempre compartida; resisto por el deseo, por el disenso, por el apoyo mutuo.
Risseth Yangüez Singh, Panamá – Artista
Ofrendo pedazos de cabello trenzado como una extensión de mi cuerpo y otros cuerpos que fueron alienados y negados pero que también fueron cuerpos que resistieron, lucharon y que trazaron sus propios caminos para vivir. Y ofrezco pedazos de tela de mi abuela en su honor y en honor a las cosedoras de memoria para siempre recordar que podemos seguir existiendo y armando nuestras vidas desde la dignidad y el amor.
Magdalena, 2024. Risseth Yangüez Singh. Foto: Juana Mora
Resistencia para mi es la necedad de seguir hablando y cuestionando este sistema desde la corporalidad. Es la necedad de leer y encontrar entre las líneas de violencia del archivo a los que fueron esclavizados. Resistencia es cimarronear la vida, salirse de los caminos establecidos y los moldes impuestos. Es amar sin miedo, luchar por la vida, nombrarnos, darnos luz y oscuridad porque nos complementa.
Resistir es entendernos desde otros tiempos y otras visiones para existir en sintonía con la naturaleza y los ciclos que van en contra de lo “normal» y es también entendernos desde un lugar del no-ser que nos da la posibilidad de crearnos como queramos. Resistir es imaginarnos otros mundos más allá del cataclismo capitalista, racista, homogeneizador, depresivo. Es darnos la posibilidad de la ternura, el afecto, la compañía, la comunidad, el goce y la alegría.

UNFES: “Somos mares, ríos, flores, minerales, volcanes, montañas, y compost”
Curaduría: Maya Juracán, Emilia Yang y Ana Laguna. Con apoyo curatorial, museográfico y padagógico del equipo MADC
29 de mayo al 13 de octubre de 2025
Salas 1, 2, 3 y 4