Diario de una peregrinación,
¿en busca de qué o de quién? ¿En busca de México […]?
Tal vez de un lugar en México: mi lugar.
Esta pregunta es tan antigua como los hombres.
Las religiones la han respondido casi siempre de la misma manera:
esta tierra no es tu tierra verdadera, sino el lugar de tu exilio.
Nuestras vidas son un continuo peregrinar entre el aquí y el allá.
En el fondo, fue y es una pregunta sobre mí mismo.
¿Qué busca el peregrino al recorrer su patria?
¿El lugar de su nacimiento o de su fin?
Tal vez busca un destino.
Tal vez su destino es buscar.
— Octavio Paz, El peregrino en su patria. Historia y Política de México (1994)
En 2023 comencé un proceso de investigación a partir de los objetos creativos del artista queretano de 49 años llamado Valerio Gámez. Durante un año y medio realicé entrevistas de manera periódica con la finalidad de dialogar sobre sus intereses, en este caso, no sólo estéticos. A nuestras conversaciones le sucedieron temas médicos, afectivos y espirituales. Lo escuché con gusto.
A partir de ese momento en la vida de Valerio fueron creadas varias piezas. Específicamente, acompañé el desarrollo de tres esculturas de fibra de cristal que emulaban el cuerpo de Cristo crucificado; todas ellas poseían cierta uniformidad argumentativa, no obstante, hasta este momento no han podido ser reunidas en un montaje museográfico. Este texto historia narrativamente la construcción de la obra llamada Fuente Mística, pieza que comenzó como una interlocución entre performática y videodocumental, que tuvo lugar a mediados de abril de hace dos años. Por ello, para este estudio es imprescindible entender que es una revisión en la memoria de Valerio; en la cual poseo como principal guía las interpelaciones realizadas a manera de construcción personal —la suya— de la historia del arte.
Sin embargo, la versión final, desembocó en una instalación, ahora en 2025, expuesta en el montaje museográfico llamado “Irrepetible” a propósito del 28° aniversario del Museo de la Ciudad de Querétaro, mismo que tuvo curaduría de Michel Blancsubé. En esta exposición Valerio también participa con otra obra, se llama El Origen del Mal, aunque esa es otra anécdota.
Propongo la elaboración de una antología de carácter biográfico que (se com) promete (a) relacionar testimonios orales a partir de los sucesos en torno a una pieza artística. El objeto de este texto son las palabras sobrepuestas o contradictorias, y su relación con los cuerpos que de estas vienen. Enfatizo la importancia de las promesas en la construcción de este estudio. No tanto porque me preocupen analizar aquellas que suceden, sino las que fallan. Esto es sólo una crónica de las borraduras.i
tú no sabes las amenazas que recibí por esa foto
Digo lo anterior por el gusto de saber que un deseo no sucedió. “Quería acabar muerto”, me relata Valerio Gámez, mientras su mirada es fija, su voz es grave y sus palabras llanas, “el problema es que no pasó tan rápido como quise”. En aquel entonces, llevábamos apenas días de conocernos. Fue nuestra primera entrevista el 27 de enero. Me habló sobre sus proyectos con el arte, de los temas que le mueven; de los weyes que le gustan, de los que se ha cogido: tatuados caligrafía tumbada, delgados, no tienen que ser morenos, pero si son así mejor; de su religiosidad, perdida un tiempo ahora en camino de saber dónde está, “Guadalupapi” y glory holes; del barroco queretano de donde es él; de las náuseas que le dan las opiniones de las gentes de su patria; de su interés por investigar la sexualidad. Me dice por lo que ha pasado, la muerte de su mamá, de los días que ya no recuerda, “Anexados”, de los días que no quiere recordar: su adicción con el cristal.
lo siento mucho, mucho, mucho
«yo soy diferente, no debería estar aquí»
hazlo hazlo
huelelo
Cristo fue su protagonista en todo este tiempo que hablamos. También le gustan los weyes delgados, con pieles aperladas, barbones, con cabellos largos. Apareció desde el primer día, y hubo sesiones donde Valerio no me hablaba a mí, no se narraba así mismo, seguro le contaba a Él o Él a Valerio. Les cuento del registro audiovisual del cual sólo tenemos un par de capturas de pantalla: era Valerio vestido de blanco, botas de caucho, traje de plástico, lentes de protección. Vimos su rostro, sus manos y un taladro. Luego fue Él, colgaba del muro, su piel albina hizo juego con todo lo demás. En ese entonces, el color estaba extinto. En algún momento, Valerio estuvo cerca, tanto para irrumpir en su piel: primero fueron los brazos, derecho, luego el izquierdo, el costado y por “Me quiero salpicar, es un toque gore” último, los pies. El suelo se ensució en rojos. Sospecha el aroma de la sala. Los dos se bañaron del hierro en sus heridas. Nos miró. Se fue.
En este presente, 2025, Gámez mantiene la estatuaria original, Él, el otro, permanece suspendido contra el muro; no obstante, ahora es más máquina que deidad. En esta versión, el artista interviene la escultura con un sistema hidráulico el cual obliga a sus marcas a estar siempre abiertas. En el piso hay un estanque que suministra la circulación de sus lesiones.

Esto corresponde con un boceto sobreviviente. ¿Por qué esta promesa sí se cumplió? ¿Qué la diferencia de aquellas que nunca sucedieron? La idea la pudimos rastrear en su memoria hace once años. Fue antes y después de su periodo de consumo. En medio de estas eras, me contó de sus tristezas, nunca llora, no se inmuta, de sus últimas ausencias y, junto con ellas, las despedidas que ha hecho: nombra el adiós a su madre. Ese suceso no fue el inicio, pero si un indicio que tatuó esta pieza.
«Me quiero salpicar, es un toque gore»
De regreso en el pasado, todo comenzó con un pequeño cuadro en el Centro Cultural Banamex. Gámez confiesa que lo vio. Este punto me importa esclarecerlo metodológicamente. A partir del comentario de Valerio, realicé lo siguiente: primeramente, procedí a localizar la obra que identifica en la colección y en los años que menciona. No obstante, Valerio respondió negativo ante un acervo de obras seleccionadas que estuvieron en México y en exhibición con las características que menciona durante los periodos delimitados en su narrativa. Sin embargo, semostró positivo a las características de las piezas que seleccioné.
Por ello, ambxs llegamos a la conclusión que se trataba de la alegoría de la “Preciosa Sangre de Cristo”. Una vez concluida esa fase, en la cual le doy mayor predominancia al discurso de Gámez y no tanto a la identificación precisa de una supuesta obra, procedí a la realización de una analítica de temperamento semiológico en tanto me importa entender qué elementos y cómo son citados en el quehacer artístico del creador queretano contemporáneo y no tanto al artista del pasado.

Hay ángeles por todas partes, se conglomeran alrededor de Él; de sus estigmas brota algo que en apariencia se siente al agua. Les adelanto, no lo es. Valerio me dice que tenía interés por (re)hacer esa pintura. Lxs historiadorxs del arte conocen a este motivo pictórico bajo varias formas, en Europa suele ser una alegoríaii de “La Preciosa Sangre de Cristo”iii; en terreno novohispano, ha sido nombrada también como “El Lagar Divino”, incluso como “Fuente Mística”. Para los creyentes, esta alegoría representa el siguiente tema: primero, es un complejo aparato simbólico que proviene de la lectura de la Palabraiv, se suele relacionar con la Eucaristía e invita a lameditación, así como la redenciónv.
Redimir, “Hacer que termine (una obligación, un dolor u otra situación molesta)”vi; o bien, “Rescatar (a un esclavo o a un prisionero) pagando un precio”vii. Redimir del latín redimĕre, “volver a comprar”viii. Cristo redime los pecados del mundo, “nos compra” a través de su sacrificio. Gámez no construyó, mínimo al inicio y en concomitancia con las entrevistas de enero del 2023, esta obra con interés de terminar los sufrimientos de nadie. En sus imaginarios, había ánimos de catástrofe.
Por ello, sugerí que esta pieza podría tratarse de un acto de iconoclasia. En lo cercano, múltiples creadorxs han revisado la aniquilación de las imágenes con diversos motivos, ya sea políticos o plenamente artísticos, dentro o fuera de museos. Quisiera hacer notar que Valerio no atenta contra la conservación de ningún monumento, como el caso del ejercicio de reapropiación proveniente de la crítica de múltiples movimientos socialesix. No destruye el patri-monio, la herencia del Padre, desde ese sitio.
Hasta donde tengo entendido, nunca hurtó ninguna figura de adoración, imaginemos, la Virgen de Guadalupe de la Basílica con ánimos de dispararle. En el caso de esta práctica artística tampoco había intención de quemar todas las iglesias y todos los templos, estampas en Querétaro o en México o en el mundo. No era un mandato al estilo de la reforma protestante y mucho menos había una iteración a la guerra contra los cristeros en esta pieza. El dispositivo el cual articula las fantasías de Valerio es más complejo.

Es importante advertir que primero, su motivación por vulnerar a Cristo no tuvo interés en lo material. Lo físico es sólo una excusa. Lo importante era hostigar lo que la imagen le representa ideológicamente. De acuerdo al estudio de Jennifer Tiburczy en “The Sex Museum: The Politics and Performance Display” en el caso de lesiones infligidas a representaciones visuales, “el espectador busca lastimar o incluso asesinar a la obra, puesto que es visto como si éste estuviera con vida”x. En Gámez, el olvido es insuficiente, primero hay que (des)hacerse de Él y después hay que mostrar lo que se le ha hecho. “Aquí tienen a su rey”. El queretano me aclaró que la retórica de esta violencia evidencia un exilio, dado que es una descripción vivencial de muchos rechazos en su ciudad natal durante la época de consumo.
«a veces parece que cuando uno se mete drogas tu cuerpo ya no es sólo tuyo»
Sugerí una prosopopeya. “Valerio, la destrucción de la imagen es tu propia destrucción”, le mencioné el 30 de enero del 2023. “Sí, sí, sí ya me habían dicho que soy autodestructivo. En el ámbito literario es común encontrar que los personajes viertan características de sus experiencias en objetos; la prosopopeya es una figura retórica en la cual se personifican seres inanimados con características humanas. Por ejemplo, en “La Caída de la Casa Usher” de Edgar Allan Poe, la demolición del hogar, en los universos de Allan Poe, es, ahora sí, una metáfora que atiende a la propia ruina de la familia. En el espíritu de Galán, “Me quiero morir”, en Valerio fue un condicionante que, si bien fue posible, no pasó y ahora es pasado: “Yo quería acabar muerto”.
a mí me gusta
mucho poner en
la misma
conversación la
“Una carta
cuyo mensaje
decidí
desaparecer.
Nota suicida de
mi padre
borrada” de
Enrique López
Llamas junto
con esta pieza
de Valerio
Los ánimos de exterminio deben ser sólo transicionales en la vida de esta pieza. Ninguno debe extinguirse, no completamente. Deben de quedar en ruinas o cruces o indicios de, reitero, borraduras que dejan marcas a la vezxi. He ahí un matiz importante, no puede ser completamente iconoclasia; en todo caso es iconofiliaxii1, más, más y más filias, y sus dogmas de destrucción, entonces, son hechos creativos en sí mismos.
El mecanismo para que esta obra exista forzosamente tiene que ser expositivo, ya sea a través de soportes narrativos, documentales o, por supuesto, museográficos desde una operación más “clásica”. Por ejemplo, que la pieza forme parte de montajes dentro de los circuitos del arte como lo es ahora en “Irrepetible”. Fuente Mística es rebelde para un sector de la sociedad queretana, y seguro para muchas otras partes en México, por la hibridación de signos que combina. Empero, en términos operativos, es una obra “tradicional”xiii puesto que en el fondo de todo, es una estatuaria intervenida múltiples veces desde distintos ejercicios metafóricos con varios sustentos visuales y discursivos. Algo que ha sucedido desde antes de Cristo la Era Común, a su vez, es una práctica recurrente en múltiples manifestaciones del arte contemporáneo.
si los griegos
y latinos
pintaban sus
esculturas
De regreso a la red de resonancias referenciales que configuran a la obra, propongo generar vasos comunicantes entre dos valores constantes en la producción del queretano: la sexualidad y la espiritualidad. En la entrevista del 17 de febrero esclarece esta postura. Valerio, relaciona las representaciones visuales de Cristo con su deseo. “Quiero manosearlos. […] Corromperlos”. El piso pito sucio, el blanco de la imagen que se mancha en tinto. Es un accidente. En mi mente no dejan de insertarse perforarse símiles entre otras historias de Valerio, en ellas se repiten actos y protagonistas: sus varones, hay objetos punzantes, taladros, Tiro de Gracia, jeringas, El Origendel Mal. Se trata de sexo. ¿Has oído qué es slamearse? Es cuando se meten la aguja en la vena y sacan un poco de sangre; luego, el cristal entra”.
chemsex
yo conozco a esta gente
«el placer se acabó muy rápido»
Valerio me contaría que la obra da razones para su fe. Vuelve a preguntarse por su fin, lo que sigue después de su fin. Hablamos ya no del cuerpo físico, sino del que es sólo sutil. Dice en una entrevista el 01 de abril del 2025: “Dios ya está erotizado, yo sólo accedo a él a través de sus advocaciones”. Ante este impulso, Gámez se inventa un accesorio, el anti-Cristo, o mejor un alterCristo, hasta un contra-Cristo, a la manera de un pasadizo o una prótesis que pueda vincular (lo) a la intensidad y la discordancia de sus muchas afecciones, las de esta tierra, las de la otra. Lo necesita, el arte lo necesita.
muy a lo Bernini, muy a la plástica novohispanas, muy de Bataille
Opera este paralelismo desde una emergencia hacia el pasado. Citó un recuerdo de su infancia en varios momentos de nuestras entrevistas, el 26 y 30 de enero, luego en mayo también del 2023. La idea se mantiene y dice: “cuando era niño, quería saber dónde estaba la diversión, dónde podía encontrar eso que pasaba cuando jugaba. Terminé por romper los juguetes.” Diría Alain Besançon en La Imagen Prohibida: “No es que los motivos religiosos desaparezcan, sino que se ocultan y se olvidan, o bien escapan”. El mecanismo se repite, el de su niñez en esta pieza; no obstante, la pregunta y las condiciones en las cuales está escrita, ya cambiaron.
¿dónde está dios??
Ahora ante nosotrxs está un hombre con problemas de hombre.
Considero que incluso en los valores, no viles, sólo viriles, que componen esta pieza; por añadidura, hay algo de contra-patriarcal en las búsquedas de Valerio, no sólo por su rebeldía ante el padre tiempo. A través de Fuente Mística, el artista queretano, realiza comentarios sobre temas de salud pública los cuales provienen desde su propia vivencia relacionada al uso de sustancias. A través de su perspectiva, a su vez, hace notorias las urgencias comunitarias que necesitan ser agenciadas dentro de poblaciones que encarnan los cruces del consumo de cristal, háblese entonces de segregación institucional y problemas de visibilización dentro de comunidades LGBT+.
Sobre lo anterior, aún en la importancia de su exhibición, dudé. “Yo no la hubiera puesto”, le digo en una conversación casi dos años después de nuestro primer acercamiento, en marzo del “Es peligrosa para sí misma como con las otras piezas que están expuestas. Hay humedad y las mamparas pueden vencerse”. Imagino que cae y se rompe en muchas partes; del impacto, se desborda aquello que contiene la cisterna externa. Valerio lleva casi cuatros años en abstinencia, la exposición culmina en poco y ambos siguen vivos, con sus detalles, sanos y salvos. No obstante, en este presente, ahora 2025, había olvidado cómo inició esta historia: un gesto de (auto) violencia.
Insisto ante esta evidencia que el poder de la obra reside en su resistencia. No ha sido banalizada, no es tampoco objeto de vandalismos ultraconservadores desde la inauguración. Esto también es una conversación sobre el consentimiento. Sin embargo, este texto no son sólo ejercicios de mnemotecnia, me importa poner un dedo en la llaga. “Fantaseo con inundar un museo con mares de púrpuras”, construyo una última conversación que nunca mantuvimos: “Acércate a las caudas de atardeceres, violentas, que se mueven furiosas por sus venas. Respira. Llega al corazón. Vuelve a respirar, siente los cambios de temperatura en el aire, luego lo frío de la espuma que se arremolina entre el piso, la fibra de vidrio y tus pies. Ve a cien, mil, a un millón de kilómetros por hora, sé un infarto o un rayo. No hay nada que redimir. No hay destino que buscar o cumplir. Transfórmate en vino, carne, cuerpo, arrepiéntete o mejor aún, siéntete orgulloso. Sólo queda un camino: desvanécete por y en Él”.
y si le van a hacer algo, que lo haga Valerio
i Tadeo Cervantes, “Crónicas Resquiciales,” Punto en línea, agosto-septiembre 2024, https://puntoenlinea.unam.mx/?view=article&id=2013%3Ano-112-cronica-cronicas-resquiciales-tadeo-cervantes&catid=832.
ii Para etse texto entiendo alegoría como la representación de un tema.
iii Hugo Gerardo Monterrosas, “La Imagen de la Preciosísima Sangre y el Melismós,” Relacionarte desde la práctica curatorial 1, no. 1 (agosto 2021): 23.
iv Hugo Gerardo Monterrosas, “La Imagen de la Preciosísima Sangre y el Melismós,” 23–25.
v Santiago Sebastián, Contrarreforma y barroco: Lecturas iconográficas e iconológicas (Madrid: Alianza Editorial, 1989), 71.
vi Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., versión 23.8 en línea, consultada el 3 de abril de 2025, https://dle.rae.es.
vii Real Academia Española, Diccionario de la lengua española.
viii Real Academia Española, Diccionario de la lengua española.
ix Getsemaní Guevara, “¡Nosotras construimos la historia! La lucha feminista en la reprobación del patrimonio y el espacio público de la ciudad de México,” en Espaciar: Nuevas Aproximaciones a las prácticas artísticas relacionadas con el espacio público, ed. Leonardo Daniel Aguirre y Manuel Guerrero (Plataforma 1000, 2023), 37.
x Jennifer Tyburczy, Sex Museum: The Politics and Performance of Display (Chicago: University of Chicago Press, 2016), 78.
xi Tadeo Cervantes, “Crónicas Resquiciales.”
xii Alain Besançon, La imagen prohibida: Una historia intelectual de la iconoclasia (Madrid: Ediciones Siruela, 2003), 13.
xiii Menciono “tradicional” con mis reservas. Repito, es agresiva en cuanto a los valores éticos que la componen. Porque en cuanto a valores estéticos y creativos, inclusive en el arte contemporáneo hay una línea importante de creadorxs que atentan contra obras, ya sea propias o ajenas. Por ejemplo, el “Dibujo de De Kooning borrado” de Robert Rauschenberg de 1953. Nótese, inclusive que ese ejemplo tiene más de cincuenta años. Sugiero la lectura de David Freedberg, Iconoclasia: Historia y psicología de la violencia contra las imágenes (Madrid: Sans Soleil Ediciones, 2017).
Imágen destacada: Alegoría de la Preciosa Sangre de Cristo, Siglo XVIII. Miguel Cabrera (1695–1768). Templo de San Francisco Javier, Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán, Estado de México.
Juan Carlos Buenrostro (1996, León). Historiadorx del arte con interés por explorar los lindes de la escritura desde diversas prácticas, tales como la curaduría o la crítica de arte, desde enfoques transdisciplinares.Investiga desde las líneas de cruce entre la sexualidad y el género en su relación con las manifestaciones plásticas contemporáneas.Suele narrar en torno al arte religioso, la inserción histórica, la fiesta, el reguetón, la noche y lxs travestis.