Entrevista / Conversación: Mariairis Flores Leiva

Javier Zugarazo Tamayo <3

Mariairis Flores Leiva es una curadora-investigadora chilena enfocada en el arte contemporáneo, trabaja tanto con la genealogía como con la creación actual, siempre aproximándose al fenómeno desde una mirada crítica feminista. Esta plática comenzó a principios de julio, coincidiendo con un proceso constitucional muy relevante no sólo para Chile sino, a mi parecer, para toda la región; mediante un intercambio de correos electrónicos con preguntas y respuestas que no estuvieron ajenas del acontecer social. Una conversación no rítmica, sino con temporalidades variadas de acuerdo a los procesos personales y corporales de cada uno.


8 de julio de 2021

Javier Zugarazo: Me gustaría comenzar esta entrevista/conversación pidiéndote que comentes la siguiente yuxtaposición de imágenes. Se trata de una fotografía de la primera sesión de la Convención Constitucional presidida por Elisa Loncon, dentro del edificio del ex Congreso Nacional. En el fondo superior se encuentra la pintura Descubrimiento de Chile por Diego de Almagro de Pedro Subercaseaux.

10 de julio de 2021

Mariairis Flores: Esa yuxtaposición fue muy simbólica. La pintura en su título evidencia una paradoja, ya que refiere al descubrimiento de Chile, a pesar de que en ella misma se representa que este lugar «descubierto» era en realidad un territorio habitado. Les indígenas ahí representados, sentados en el suelo y con caras melancólicas parecen presentir lo que se viene con este «descubrimiento». Almagro es el centro del cuadro y parece estar siendo guiado por un indígena, con este telón de fondo colonial se iniciaron las sesiones de la Convención Constitucional presididas por Elisa Loncon, mujer mapuche, justamente uno de los tantos pueblos que habitaban este territorio. Las lecturas en torno a esta coincidencia circularon rápidamente. El ex-congreso era un edificio que llevaba un tiempo sin ser utilizado, entonces dudo que esa obra estuviera en el imaginario colectivo, pero cuando apareció se volvió innegable su potencia y se habló mucho de que ahora Chile estaba siendo refundado por una mujer indígena, mapuche. Esta idea de la refundación desde los pueblos indígenas y desde el pueblo, tomó más fuerza desde la instalación de la Convención el domingo 4 de julio. Lo que ocurrió ese día fue inédito, emocionante y hasta un punto impensado, me refiero a la elección de Loncon como presidenta de este nuevo órgano y la presentación de les constituyentes, en especial de la machi Francisca Linconao, autoridad espiritual mapuche, quien sufrió la prisión política y hoy forma parte de la Convención al obtener la mayor cantidad de votos entre les constituyentes indígenas. Si bien la pregunta apunta esa imagen puntual y lo que significó, me es inevitable referir a lo que está aconteciendo al momento de escribir esta respuesta. La noche del viernes 9 de julio (anoche) comenzó a circular por redes sociales la noticia de que carabineros había asesinado a Ernesto Llaitul, hijo de Héctor Llaitul, dirigente mapuche, líder histórico de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM)¹. Con el pasar de las horas esto fue desmentido por el propio Héctor, quien al momento de ir a reconocer el cadáver se dio cuenta de que no era su hijo, sino que Pablo Marchant, otro miembro activo de la CAM. Esto hace que además del horror propio del asesinato a un weichafe mapuche, se genere una confusión. Llaitul señaló que desconoce por qué desde la oficialidad se hizo circular esa información errónea. Refiero a la situación actual para dar cuenta de cómo, en menos de una semana, pasamos del momento histórico de la convención a tener una nueva víctima del terrorismo de Estado, que se instaló en el Wallmapu desde hace décadas. En la Convención y en las discusiones de los últimos días ha quedado en evidencia que la derecha perdió gran parte del poder que ejerció impunemente desde la dictadura, es evidente que están desesperados y que, además, siguen teniendo el monopolio de la fuerza. Por ello, no tengo dudas que este asesinato tiene entre sus motivos desestabilizar el proceso político que estamos viviendo y seguir justificando la militarización del Wallmapu. Los gestos simbólicos son importantes, pues permiten construir otros modos de entender el mundo. Por ejemplo, desde la revuelta del 18 de octubre de 2019, las banderas mapuche principalmente, se tomaron las marchas y hemos podido imaginar un Chile en el que se reconozcan las naciones que habitan en él, cuestión que hace unos años no hubiera sido posible, ya que la sociedad chilena es profundamente colonial. Y digo es, porque a pesar de que ha cambiado en el último tiempo, el Estado Chileno sigue siendo profundamente colonial, otra muerte hoy nos golpea y aunque sea el Estado el que ampara el actual proceso constituyente, ambas realidades conviven en una permanente contradicción.

14 de julio de 2021

Javier Zugarazo: Esta confrontación de imágenes también me llevo a preguntar cómo se materializaría esta anhelada refundación, presidida por una mujer mapuche, dentro de una realidad contradictoria y con una sociedad que sigue reafirmando su clasismo, racismo y colonialidad. Esta realidad contradictoria también está presente en el contexto mexicano, el gobierno actual se ha convertido en un experto manipulador de lo simbólico sin necesariamente traducirlo en acciones. Por ejemplo, el presidente emplea las figuras de los héroes nacionales para autoafirmarse y escudar su actuar, o acude a los territorios mayas a pedir perdón por los agravios cometidos contra ellos pero, al mismo tiempo estos siguen siendo desplazados y despojados de sus territorios para la construcción del llamado “tren maya”.

Desde la parte visual sabemos que existe un colonialismo de los imaginarios y la creación artística, y llama la atención, como bien dices, la irrupción de la bandera mapuche o también las intervenciones de los monumentos dedicados a colonizadores o militares. En este agitado contexto social que vive Chile ¿notas una sintonía de los cambios políticos en el ámbito artístico? ¿O quizás sea una resistencia que ya se venía dando y que los ha precedido?

23 de julio de 2021

Mariairis Flores: En relación a lo que me comentas sobre México y las similitudes evidentes entre contextos. Pienso en lo que sucedió con Alberto Fernández, quien dando una conferencia en el marco de la visita de Pedro Sánchez, supuestamente cita a Octavio Paz para decir: «los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos en los barcos de Europa. Así construimos nuestra sociedad», la frase explicita de forma burda cómo el colonialismo sigue operando y por eso resulta tan ofensiva, porque anula a la población indígena argentina que existe y resiste. Luego se supo que esa frase en realidad correspondía a una estrofa de la canción de Littto Nebbia «Llegamos de los barcos». Y ahí se vuelve evidente que el arte ayuda a difundir imaginarios, en este caso sobre el carácter europeo, y por ende superior, de los argentinxs.

El ámbito artístico en Chile es muy diverso. Hay circuitos regionales que responden a lógicas distintas a las santiaguinas, y que suelen quedar invisibilizados para este centro. Así que mi respuesta se enfocará en Santiago, que es desde donde vivo y trabajo. A su vez, tengo que mencionar que la división territorial en Santiago es muy determinante, y representa también una división de clase. Hay todo un circuito de galerías en el barrio alto de la ciudad, que por su ubicación geográfica pueden mantenerse totalmente ajenas. La revuelta tuvo como punto de encuentro Plaza Dignidad, que es un hito que también refiere a esa división. Cerca de la plaza se ubican muchos museos, entonces, en plena revuelta surgió una organización llamaba «Museos Zona Cero» que reunió a lxs trabajadores cuyos espacios tuvieron que cerrar, porque no se podía seguir con una rutina frente a lo que estaba sucediendo, pero si necesitaban hacerse parte de este nuevo contexto. En el caso de las obras, el vínculo entre arte y política siempre ha estado presente en la producción de arte contemporáneo chileno (no en toda por supuesto, pero hay un número significativo de artistas que optan por un arte crítico). Lxs artistas abordaban diversas problemáticas políticas antes de la revuelta y lo han seguido haciendo, sin que eso tenga que traducirse necesariamente en «hacerse cargo» de lo que la revuelta significó o en generar un arte de la revuelta, porque debido a la magnitud de todo el proceso, el arte contemporáneo queda desbordado, funciona con otros tiempos. Aunque también ha habido artistas que han intervenido en la manifestación. Creo que son procesos complejos y que aún estamos viviendo. Para responder de forma más concreta diría que hay artistas que siempre estuvieron en sintonía con este proceso que se detonó el 19 de octubre y fueron parte de él, instituciones que pudieron entender lo que estaba pasando, pero también otros que siguen resistiéndose o prefieren ignorarlo derechamente.

30 de julio de 2021

Javier Zugarazo: Aquello de Fernández fue una cubetada de realidad, la manifestación plena de cómo la elite política, supuestamente representante de los intereses colectivos, es más bien la perpetuadora y beneficiaria de un imaginario pigmentocrático racial de dominación colonial. Y ahora recuerdo aquello que hiciste para Paridad y escaños reservados: Perspectivas que sobrepasan las fuerzas normalizadoras², y la forma en que desde una propuesta curatorial reflexionas sobre la integración plena que deben tener los grupos marginados del sistema de configuración jurídica en un momento histórico de refundación constitucional como el que vive Chile. Será por demás interesante ver a dónde lleva esta experiencia.

Respecto a la última parte de tu respuesta anterior, tú, ¿en qué posición ubicas tu quehacer, tanto curatorial como investigativo? y ¿cuáles son los ámbitos de tu interés actualmente?

30 de julio de 2021

Mariairirs Flores: Mi posicionamiento es desde el feminismo, pero como sabemos que este es plural, no basta con simplemente nombrarlo. Entonces, frente a la pregunta, prefiero remitir a algunos momentos. En 2015 empecé un trabajo curatorial con Sebastián Calfuqueo, cuya obra abordaba su experiencia como mapuche y homosexual, cuestiones que son identitarias y que no se corresponden con mi propia historia, no obstante fue el feminismo -como matriz crítica- lo que me permitió abordar esas obras y proponerle a Seba lecturas que le hicieron sentido. Desde mi experiencia como mujer criada en el campo chileno, donde se piensa la nacionalidad como inherente a todxs quienes habitan Chile, entendí el potencial crítico que el trabajo de Sebastián tenía, porque conseguía evidenciar los efectos de la colonización, el racismo y la estructura patriarcal, esa fue mi visión de su obra y si yo había sido capaz de verlo, podíamos seguir explorando e inventando nuevas estrategias para instalar esta perspectiva crítica en lxs espectadores, que más personas dijeran: si antes de la colonización existían otras formas de entender la relación entre sexo y género, la heterosexualidad es una práctica normativa, por ejemplo. En 2016 fui parte de la investigación sobre arte y política en Chile entre los años 2005 y 2015, dirigida por Nelly Richard, la que se articuló en torno a 5 ejes: Globalización, localidades y comunidad; Paisajes urbanos; Arte, movilizaciones sociales y esfera pública; Desobediencias de cuerpos y género; Violencias y despojos; y La memoria inconclusa. Allí se reunió obra de al menos 50 artistas, porque en Chile existe un arte crítico muy potente que transita entre los espacios institucionales y el espacio público. Si tuviera que precisar diría que me interesa reivindicar un transfeminismo antirracista y antineoliberal, y que eso atraviesa todo mi quehacer, aunque igual es complejo enunciarlo, porque no es solo una teoría, sino que también deben ser hechos.

Siempre me he dividido entre el arte actual y la investigación historiográfica, lo que hay en común es que siempre se trata de arte contemporáneo. Por una parte, desde que estaba en el pregrado me ha interesado en escribir sobre arte contemporáneo, es algo que siempre hago, ya sea en revistas o textos para artistas que me invitan a leer sus obras, también coordiné un espacio de arte contemporáneo por dos años, mientras que en paralelo trabajaba como investigadora en arte chileno contemporáneo de los setenta y ochenta. Actualmente sigo esta línea doble que se encuentra. Estoy investigando las exposiciones de mujeres, realizadas entre 1973 y 1991, es decir durante la dictadura y el primer año del retorno a la democracia, las que se realizaron tanto en Chile como en el extranjero. Además soy co-editora en un libro titulado «Mujeres en las artes visuales en Chile. 2010-2020» que reúne a 60 artistas y más de 20 escritoras, mujeres que se desempeñan en el campo artístico desde la teoría, la historia, la estética y la gestión, proyecto que es impulsado por Varinia Brodsky, co-editora y encargada del área de Artes Visuales del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Estos trabajos significan un desafío, puesto que si bien están enfocados en mujeres, en ambos es necesario manifestar que no basta con ser mujer para levantar una perspectiva crítica. Además soy investigadora de la Fundación AMA para el proyecto de Documentos Chilenos del S.XX – XXI del ICAA – MFAH (https://icaa.mfah.org) y eso me tiene revisando muchísimos documentos de arte. Entonces me interesa seguir así, como investigadora y escritora sobre arte contemporáneo.

4 de agosto 2021

Javier Zugarazo: Todo arte es político, ya lo sabemos, pero considero, y creo que en esto concuerdo contigo, que por lo menos a partir de la dictadura el arte chileno ha tenido la voluntad de ser políticamente activo, un lugar desde donde resistir al poder. Y no sólo contra el régimen dictatorial como forma de gobierno, sino también en contra de sus componentes ideológicos y siempre resignificando el cuerpo como un espacio político y abarcando problemáticas de sexo, género, raza, identidad y territorio.

Como bien lo has explicado, y es lo que me llama la atención de tu quehacer, tu trabajo oscila entre la parte de memoria y lo actual, te encuentras siempre con un pie en la genealogía y otro en el aquí y ahora, y es el feminismo la balsa que te conduce en ambos ríos. ¿Cómo inscribirías, por ejemplo, el proyecto “Bajo el signo mujer” y la exposición que curaste junto a Sebastián Calfuqueo “Deseo como emancipación” como reivindicaciones transfeministas, antirracistas y/o antineoliberales?

8 de agosto 2021

Mariairis Flores: Pensando en una relación entre ambos proyectos, creo que en el caso de «Bajo el signo mujer» hablar de antirracismo se vuelve difuso, porque el campo que delimité para investigar son las exposiciones de mujeres que responden a un circuito artístico con características definidas que no puedo forzar, creo que sería un falso histórico decir que las artistas del periodo -feministas o no- estaban pensando la racialización, por ejemplo. Lo que sí había era una férrea oposición a la dictadura, no de parte de todas las mujeres artistas, eso también sería decir una mentira, pero sí de un gran número. Además hubo artistas exiliadas, forzadas a abandonar su país solo por sus ideas y posición política. Esas historias son muy importantes de visibilizar, porque fueron ellas mismas quienes se organizaron como exiliadas, mujeres y artistas. Oponerse a la dictadura era oponerse a la política de la muerte, pero también a la política económica que implementó el neoliberalismo y lo amarró en la constitución. Lo que sí considero necesario destacar es que mi interés no radica en una cuestión biológica, no me centro en las exposiciones solo de mujeres, porque crea que La Mujer hizo un gran arte que no ha sido visto, lo que llamó mi atención y me motivó fue que veía una actividad deliberada en torno «al ser mujer» en ese periodo y que sin embargo no es mayormente conocido, toda esa actividad se encuentra desperdigada y es valiosa en los disensos que presenta, porque ser mujer artista podía ser un modo de enfrentarse a la dictadura, pero también funcional al eterno femenino y con ello al régimen. «Deseo como emancipación» en tanto fue la oportunidad de trabajar con tres artistas a las que admiro profundamente, porque sus obras son críticas y encarnadas en sus historias. Paula Baeza Pailamilla, Paula Coñoepan y Astrid González tienen recorridos y estrategias distintas, sin embargo comparten un posicionamiento que trasciende a la obra. Con Seba, mi compañere, hemos crecido y mutado juntes, pero de maneras diferentes, sin embargo la idea del deseo nos ha atravesado desde el comienzo. El deseo como movilización y posibilidad para hacerlo todo, esta curaduría fue una oportunidad para sumar a otras a esta idea y proponer un recorrido por obras que cruzan signos e historias, más allá de declarar esos posicionamientos políticos, ya que estos siempre terminarán siendo completados en cada espectador.

17 de agosto de 2021

Javier Zugarazo: Para finalizar, en los planos que hemos tratado aquí: el político-social, tu quehacer curatorial-investigativo, y agregando uno más que es el personal, ¿qué deseas hoy? 

30 de agosto de 2021

Mariairis Flores: Me gustaría cerrar este intercambio volviendo al principio, a la primera pregunta, creo que lo que se generó con esa imagen que describiste fue muy importante, pero sin embargo me doy cuenta cómo en ese momento, por la contingencia, no pude hacerme cargo. Hace unos días fui al lanzamiento de un catálogo y allí Paula Arrieta, artista visual y doctora en Historia y Teoría de las Artes, realizó un interesante análisis a partir de la imagen que rescataba el contexto histórico de la pintura y lo que generó, me permito citar parte de sus palabras: «Una mujer mapuche delante de cualquier institucionalidad nacional provocará una tensión difícil de ignorar. Y es que toda nuestra república y sus símbolos, coloniales, racistas, patriarcales parecen quedar a destiempo. Irremediablemente a destiempo. Ahora podemos cerrar los ojos y hacer un nuevo ejercicio: Elisa Loncon frente a La Moneda; Elisa Loncon con la bandera de Chile; Elisa Loncon frente al Museo de Bellas Artes; y así hasta el infinito. En todas pasará la mismo. Y es que parece que Chile ya no calza con Chile». En este Chile que no calza con Chile es importante seguir deseando, pero al mismo tiempo es complejo, porque estamos en un momento de fractura y eso genera incertidumbres. Pienso al deseo como una potencia movilizadora, no obstante me cuesta mucho desear imaginando en un futuro.    

¹La Coordinadora Arauco-Malleco (1998) es una organización de resistencia política mapuche contra el capital extractivista. El brazo armado de la organización es el ORT (Órganos de Resistencia Territorial, 2008), que llevan a cabo actos de sabotaje para la recuperación de territorios usurpados con vías a la autodeterminación de la nación mapuche. Héctor Llaitul lo define de la siguiente manera: «Nuestra lucha es muy clara y muy definida como propuesta política, estamos bajo un denominador común que es la lucha por el territorio y la autonomía. Por lo tanto, gran parte de nuestra expresión tiene que ver con la lucha de tipo territorial y política en ese sentido. No hacemos otras prácticas, entonces no nos declaramos terroristas”. Ver más en: https://radio.uchile.cl/2020/11/04/hector-llaitul-vocero-de-la-cam-no-tenemos-una-vision-terrorista-sino-todo-lo-contrario/

²Exposición que forma parte del número 02 de la revista Chiquilla te quiero.

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