Chiquilla te quiero No.2

Chiquilla te quiero <3

Carta editorial

Ha pasado un año ya de vivir en pensamiento y sentir pandémico, de un confinamiento interminable aunque accesible para pocos; pérdidas, una sensación de zozobra y la certeza de que nada hay que darlo por sentado, mañana puede ya no estar. Es posible que la distancia social y el encierro nos hayan servido, así como a Graciela María y la pieza Mi Cuarto, para tomar conciencia del espacio que habitamos y el lugar que ocupa nuestro cuerpo dentro de él. La corporalidad puede que sea el eje, sin premeditación, de este número. El cuerpo-protesta expuesto de manera franca de Liuska Astete, los cuerpos retratados en Marías y Maríos de Kelly Ledezma como proyección de una imagen idílica propia, proyección que comparte con el texto de Pinche Chica Chic y el cuerpo vestido y la paternidad de la moda. El cuerpo de Simón Bolívar como símbolo, con distintas evocaciones alrededor de patria y nación, es el objeto de parte de la producción artística de Marco Alvarado.

Este número abre con un texto sobre la obra de Roberto de la Torre, del que personalmente me parecía urgente traer a esta revista y hacer una revisión de su trabajo, pues lo considero uno de los artistas más interesantes del contexto mexicano de varias décadas para acá, pionero en prácticas y lenguajes. Jorge Reynoso recorre la carrera de Roberto y lo posiciona como “(…) un artista dedicado a la activación de sitios y sucesos específicos.” 

Los textos de Jorge Reynoso y de Lorena Tabares forman parte de un propósito de este número, por revisar las historias e historiografías marginales del arte contemporáneo en México. Ambos textos se encuentran aquí con la intención clara de explorar otras narrativas en la transición a este siglo, advertir que hay algo más allá de los sobreexpuestos “Temístocles” y “Panaderías” y los individuos salidos de ahí.  ¡Constelaciones telúricas! Acciones y participaciones temporales, mediáticas y experimentales del archivo de Epicentro es el texto en el que Lorena Tabares nos adentra a “Epicentro”, lugar de estallidos artísticos encabezado por Doris Steinbichler. Ubicado en la Ciudad de México, “Epicentro” fue un espacio que alejó del artista la noción de individuo creador solitario, y lo convirtió en artista detonante de experiencias en comunidad.

En la comunidad de Angahuan, del estado mexicano de Michoacán, se ubica el espacio Kutsïkua Arhákuchari K’umánchikua , Susana Ortíz nos cuenta como los habitantes de la comunidad se encuentran reimaginando el concepto de “museo” para adaptarlo a su realidad. En la sección de exposición impresa, Mariairis Flores hace un trabajo curatorial valiosísimo, pues logra plasmar la actual realidad convulsa de Chile, donde como sabemos, a partir de la revuelta social se redactará una nueva constitución. Pero ¿cómo hacer para arrebatar el monopolio de este contrato social a la élite colonial, patriarcal y neoliberal, y dar cabida a las exigencias indígenas, feministas y de tantos sectores de la sociedad que no se ve representada? 

El formato de la revista ha cambiado, nos hemos expandido. La versión impresa ahora viene en dos partes: una convencional con la parte de los textos, y la otra con las imágenes, a manera de sala de exposiciones y con un poco de nostalgia por los posters de las revistas juveniles. A la par de esta versión impresa corre ahora también una versión digital, ambas comparten identidad, pero aprovechan los medios propios de su formato.

Javier Zugarazo Tamayo

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