Nuevo Zoologique Mexicano

Rosa Landabur <3

Una mirada a las prácticas coloniales contemporáneas a partir de la construcción de una pieza performática

En septiembre de 2019 tuve la posibilidad de visitar el Jardin d’Acclimatation en París: hoy es una especie de parque de diversiones para niños, con bellos jardines y algunos animales de granja tras las rejas. Familias multiétnicas pasean felices por un parque que no tiene ninguna placa recordatoria, ningún testimonio de memoria de lo que ahí sucedió a fines del siglo XIX y a principios del XX.  Yo sabía lo que había pasado ahí, me enteré a los 14 años en un viaje que hice a la Patagonia chilena. Supe del secuestro de personas pertenecientes a la etnia Sel´knam para ser exhibidos en el entonces denominado Jardin Zoologique d’Acclimatation (1881-1889). También personas de los pueblos chilenos originarios Yámana, Kaweskar y Mapuche habían sido secuestrados para hacer giras de exhibición por toda Europa. Fue un golpe de realidad el horror al que puede ser sometida una persona por ser considerada diferente.

Hace poco más de 100 años tras esas mismas rejas estuvieron personas sustraídas contra su voluntad desde América, África y Asia por ser considerados bárbaros, salvajes, exóticos, infrahumanos, seres inferiores, sin alma.  Mis ojos recorren el Jardin incrédulos de lo que hubo ahí, completando  el paisaje en mi mente con las cientos de fotografías que he podido ver de los zoológicos humanos, superponiendolas con los juegos electrónicos, los niños gritando felices y las familias alimentado a cabras y conejos.

Los zoológicos humanos se realizaron entre 1870 y 1954 en las ciudades de París, Londres, Bruselas, Madrid, Hamburgo, Zurich, Berlín, entre otras. Fueron una práctica colonialista que se instauró en el marco de las Ferias Mundiales, una especie de competencia de exhibición del progreso entre los países más poderosos de Europa, especialmente en Francia a propósito de la celebración de los 100 años de la revolución francesa: “Igualdad, Fraternidad y Libertad”. Como una forma de celebrar y mostrar ante el mundo la modernidad en que se encontraban: exponían sus avances tecnológicos, científicos y arquitectónicos, sus mejores obras de arte y lo más exótico, salvaje, bárbaro y monstruoso, eso que había sido conquistado y colonizado, para ser presumido ante ojos de europeos del momento. 

La exhibición de personas sucedía en grandes parques donde se levantaba toda una infraestructura tipo zoológico para este propósito. En su interior se construían una especie de escenografías mal hechas para mostrar el hábitat, dignas de cualquier diorama de un museo de historia natural. Grupos de personas, familias completas, eran puestas tras las rejas, en paisajes que no tenían nada que ver con su lugar de procedencia. Se les tiraba el alimento al igual que a leones enjaulados para subrayar su salvajismo. Mientras por afuera paseaban las personas “civilizadas” observando el comportamiento de los naturales. Las personas secuestradas fueron esclavizadas y sometidas a maltratos, abusos sexuales, violencia psicológica y física. La mayoría murió de enfermedades contra las que no tenían inmunidad y de depresión.

El europeo de la época define su identidad de hombre moderno a través de la otredad: de lo bárbaro, lo salvaje, lo desconocido, lo no inteligente, lo infrahumano. Lo exótico y la otredad se configuran y construyen a partir de la exhibición del cuerpo del otro, del ejercicio de la mirada, del ejercicio del poder y la superioridad del que mira. Esta nueva identidad se construye y reafirma a partir de la exhibición de “eso que yo no soy”. Lo monstruoso y lo indígena fija los parámetros de normalidad y superioridad racial dentro de las lógicas coloniales de poder. En los zoológicos humanos el europeo se autopercibe como superior, con la autoridad de enunciar y definir la otredad.

Un par de años atrás me encontraba en un proceso de investigación sobre los zoológicos humanos y pensando en cómo llevar a escena estas reflexiones, cuando surge mi viaje y venida a México en 2017, un país nuevo y desconocido para mí.

Sobre México existe toda una construcción de imaginario folklórico y exótico en el extranjero. Entonces me veo a mí misma, exotizando y observando esa “otredad”, involucrándome y distanciandome, tratando de entender el contexto diverso y multicultural al que estaba llegando, muy diferente a la construcción de imaginario mexicano que se ve en el extranjero. Particularmente en Chile la influencia de “lo mexicano” en la cultura popular es muy fuerte y en muchos lugares del país se han tomado rasgos identitarios mexicanos y se han fusionado con diversas culturas locales. Para comprender esta transculturización chileno mexicana debemos saber que el primer cine sonoro que llegó a Chile fue,  en su mayoría, el cine mexicano de los años 30 a los 50, donde se plantea una clara construcción identitaria y folklórica, que llenaba las carteleras de todo el país. La programación de las radios, sobre todo de AM que llegan a los lugares más apartados, hasta el día de hoy es mayoritariamente de música mexicana, y a través de la televisión nos ha llegado una gran cantidad de telenovelas y series mexicanas. Hoy en Chile hay un sin número de grupos de “banda estilo mexicano” con intérpretes chilenos y en las fiestas tradicionales de los pueblos se hacen las “fiestas mexicanas”, “fiestas charras” y “fiestas rancheras”: todos van vestidos de “mexicanos”, se toca y baila música mexicana y se come comida chilena. El cine, la música y la televisión han alimentado el imaginario de este “México Mágico” en el extranjero.   Se nos presenta un México lleno de colores, música y sabores. También el país de los narcos en un espacio desértico con hombres machistas con sombrero, pistolas y a caballo. Un lugar peligroso pero seductor, lleno de humor y muy pasional.

Este fenómeno es algo que no podía ignorar en el proceso creativo en que me encontraba. ¿Cómo mi mirada estaba siendo afectada, permeada y deconstruida por la idea que tenía yo de México y el enfrentarme con la realidad? Me pregunto entonces de dónde viene toda esa construcción de imaginario mexicano folklórico y exótico. Al verme situada en esta nueva realidad territorial y cultural empiezo una reflexión más amplia sobre la exotización contemporánea, especialmente sobre cómo la folklorización de las tradiciones se transforma en una práctica de colonización desde el Estado, como una carta de presentación hacia el turista y el mundo. 

Estando en México empecé el diplomado ¿Cómo encender un fósforo? Prácticas de investigación, danza coreografía y performance (2017-18), donde conocí a diversos artistas mexicanos con intereses comunes a mi práctica. Comenzamos a dialogar sobre nuestros proyectos y observo la folklorización que existe de las danzas mexicanas y de muchas prácticas de culturas de este territorio, incluso al interior del país. Voy comprendiendo cómo en el México moderno de los años 50 surge desde el Estado toda una estrategia de folklorización de las danzas, música y costumbres, generando espectáculos dedicados al turista con la intención de presentar un México exótico para el mundo. En diálogos con Alberto Montes, quien será el performer de la pieza, artista que tiene estudios de danza folklórica mexicana y sociología, voy comprendiendo el proceso de folklorización de las danzas originarias donde se sistematizan y estetizan las expresiones de diferentes culturas de este país y se crea el Espectáculo Folklórico, en el que los cuerpos que están en escena son cuerpos que siguen cánones de belleza europea y no mexicana, cayendo en un blanqueamiento estético para el espectáculo turístico. Empiezo a tomar conciencia de toda la construcción que existe desde el Estado de un México que se vende al mundo y quiere seducir al turista desde la otredad, ese México exótico del que yo tenía idea desde Chile.

Otra característica que llamó profundamente mi atención al llegar a México fue la híper vigilancia policial en los espacios culturales. Es decir, en el museo siempre hay un policía que te sigue o que te observa. En espacios culturales e instituciones hay policías que vigilan las prácticas artísticas en los espacios públicos institucionales. ¿Cómo su sola presencia ejerce un poder y una violencia que está muy normalizada? ¿Cómo la policía determina el accionar del cuerpo en la ciudad, en nuestras formas de estar y circular por el paisaje? Su presencia constante y panóptica genera miedo, violencia y determina nuestro actuar. Entré en diálogos al respecto con el artista Rolando Hernández quien interpretará al “policía” en la pieza y que a su vez tiene un historial de experiencias de abuso policial.

Entonces decido hacer un cruce y reunir estas piezas del puzle que me daba el contexto mexicano, el diálogo con estos artistas y la investigación que realizaba sobre los zoológicos humanos. ¿Cómo darle una salida escénica a este nuevo tejido? 

Las motivaciones para realizar esta pieza surgen desde una reflexión y crítica a las aberrantes prácticas colonialistas del pasado y a la necesidad de que pongamos la mirada en las prácticas colonialistas, racistas y clasistas que se mantienen hasta el día de hoy en nosotros. Que observemos cómo, incluso de manera inconsciente, existe una construcción de nuestra identidad desde la negación de lo “otro”, cómo lo que es diferente y diverso o eso que no comprendemos lo exotizamos y le damos ese lugar dentro de la cultura contemporánea y del arte: como algo exótico, como objeto de estudio o de diversión.

Desde mi condición de extranjera-chilena viviendo en México, tomo y pongo en escena la reflexión y el cruce que se ha generado entre mi investigación sobre los zoológicos humanos, el secuestro de indígenas chilenos para ser exhibidos en Francia y mi experiencia reflexiva sobre la contemporaneidad mexicana y su folklorización. Así se articula NUEVO ZOOLOGIQUE MEXICANO – Dispositivo de poder emplazado en espacio público: una vitrina instalada en el espacio público, un espacio de ejercicio de poder del que mira sobre el cuerpo de un bailarín de danza folklórica mexicana. Un zoológico humano contemporáneo, mediado y vigilado a su vez por un policía, que influye directamente en la performance del bailarín y en la participación del público.

Función de NUEVO ZOOLOGIQUE MEXICANO  en “Encuentro Emergentes 2019” Sevilla, España  (fotografía de Aurelio Palomino).

¿Cómo lo exótico se utiliza como divertimento y construcción de identidad? ¿Cómo reaccionamos ante este cuerpo seductor y de divertimento, cómo lo utilizamos para nuestro placer? ¿Cómo el Estado ejerce un poder y una dominación al definir ciertas prácticas como identitarias, patriotas y folklóricas? ¿Cuáles son las lógicas y comportamientos colonialistas que aún están insertas en nosotros?, ¿Qué hace la mirada del “otro” o el mirar al “otro” sobre la identidad?, ¿Qué tan normalizada está la presencia de la policía en los espacios públicos y culturales? ¿Cómo determina nuestro actuar la presencia de la policía?, ¿Quién es el Otro? Son las preguntas que despliega la pieza.

La selección de piezas musicales y danzas abarca diferentes estilos de danza folklórica de México, buscando una diversidad geográfica y vinculadas al zapateo y al acto de percutir el piso, rescatando esta acción de golpear la tierra que está presente en las danzas tradicionales. Así, las 9 danzas seleccionadas funcionan como un muestrario de folklore del país, haciendo un cruce con el concepto de museografía, catálogo y zoológico, donde el público podrá visitar a modo de diorama a México. Es un gesto escénico que critica la lógica reduccionista y extractivista. Del mismo modo se busca reflexionar cómo se sigue haciendo hoy en día en los espectáculos de danza folklórica, compuestos y pensados como un catálogo de muestra exótica y turística.

El bailarín, encerrado contra su voluntad para el divertimento de los espectadores, gesto escénico que hace un paralelo y reflexiona  sobre el secuestro y exhibición de personas en los zoológicos humanos. Un intérprete experto en danzas folklóricas funciona como objeto exhibido y seductor gracias a la experticia y potencia de su baile. Un performer que performa de sí mismo, pero a la vez distanciado y enmarcado en el juego del dispositivo, quien es afectado y afecta a los demás con su performance.

El policía funciona como carcelero y vigilante del bailarín, volviendo sobre la reflexión de la hiper vigilancia en los espacios culturales. Vigila la obra, vigila al público y funciona como mediador entre el dispositivo y el accionar de las personas.  En él se concentra la figura del “poder” dentro de la ficción, pero que luego es desplazada hacia el público. La forma en que acciona el policía propicia que el público piense que él no es parte de la pieza y normalice esta situación.

El dispositivo interactivo a través del cual el público puede ejercer poder sobre el bailarín al elegir qué canción quiere que baile mediante su acción sobre una tablet, interviene en la obra y ejerce su poder para  satisfacer su curiosidad y divertimento. La vitrina funciona como lugar de exhibición, como jaula y como marco del sujeto-objeto exhibido.

Emplazamiento. Se propone instalar el dispositivo en un espacio público de circulación (la calle, el frontis de un museo, de un teatro o centro cultural, un centro comercial, parque etc.) para que el público que transita pueda acercarse a accionar el dispositivo si así lo decide. 

Entrega de volante. Durante la pieza se entregará a los asistentes un volante descriptivo de lo que sucedió en los zoológicos humanos, para que así completen la reflexión de lo vivido. 

 Función de NUEVO ZOOLOGIQUE MEXICANO  en “Encuentro Emergentes 2019” Sevilla, España (fotografía de Darío Rivera).

La creación como proceso permeable y contaminante. Para la creación de esta obra la presencia y reflexiones de los artistas fue fundamental. Alberto Montes desde su quehacer escénico y mirada como bailarín de danza folklórica mexicana y sociólogo, Rolando Hernández como performer y artista sonoro, muy conocedor de la música mexicana y Aurelio Palomino como diseñador escénico quien logra sintetizar y dar forma en el dispositivo escénico, a todas las propuestas que daban vueltas en mi cabeza.  En conjunto fuimos articulando la pieza, con nuestras inquietudes y biografías puestas al servicio del discurso político y estético de la obra.

Nuevo Zoologique Mexicano es una obra que circula entre la performance, la danza, la teatralidad y la exposición museográfica. Una reflexión y crítica a la folklorización y exotización del mundo subalterno.

No se puede encasillar en un dispositivo escénico único, si no que funciona como uno de poder, que en su accionar genera un cruce de sentidos y permite la reflexión en torno a las preguntas instaladas sobre todos los cuerpos que ahí circulan. El dispositivo distancia la danza folklórica poniéndola en un espacio de exhibición, una vitrina, y permite al que mira accionar la danza del bailarín para ver en su desempeño experto, lo exótico y bello de su baile. Se generará, mediante la acción, una reflexión en el público. La pieza es un animal vivo, donde finalmente el público y lo que sucede ahí se transforma en la Obra. 

La obra es una construcción ficticia, una pieza duracional (de dos a tres horas). El límite con la realidad es difuso, la gente no sabe cuánto tiempo lleva encerrado ahí y las reglas del juego se van dilucidando poco a poco mientras el público se queda a ver y a accionar el dispositivo. Entonces el público logra hacer un viaje, desde el acto más inmediato de elegir la música para que baile el performer hasta empezar a observar al bailarín que se cansa, que interpreta una danza, pero es en los “entres” que aparece ESE que está obligado a estar ahí. El público empieza a ver la construcción y los hilos del dispositivo, y poco a poco se descubre a sí mismo en el lugar del que domina y violenta al otro. 

Los roles de poder son móviles; a veces lo toma alguien del público, a veces el policía y a veces el bailarín cuando tiene el control de las miradas y del deseo al ejecutar su danza, o cuando se niega a bailar y se desnuda, o solo se sienta a mirar desafiante al público.

En el juego de roles entre el policía y bailarín, se da en un pequeño juego de poder, botón de muestra de las prácticas de la sociedad actual. Pero si observamos más profundamente, es hasta casual que uno de los performers esté dentro de la vitrina y otro fuera. Incluso hay hasta cierta complicidad y cuidado del otro al reconocerse similares en sus roles de la ficción. 

En este dispositivo se despliega la figura del monstruo como representación de los límites de la alteridad. Todos monstruos, todos alteridades: El policía, el bailarín y el que mira. En un juego de roles donde podemos ver que estamos en un sistema en el que transitamos de un rol a otro.

Función de NUEVO ZOOLOGIQUE MEXICANO  en “Encuentro Emergentes 2019” Sevilla, España (fotografía de Darío Rivera).

NUEVO ZOOLOGIQUE MEXICANO es pertinente en nuestro contexto y contemporaneidad porque intenta ser un gatillante para que reflexionemos y abramos un espacio de discusión sobre temáticas como colonialismo y decolonialidad, folklorización, exotización, poder, barbarie, construcciones de imaginario, otredad e identidad. Se busca que al vivenciar la performance, nos espejeemos con los roles construidos en la ficción y logremos observar y evaluar cuáles son esas prácticas colonialistas, racistas y clasistas que mantenemos, tanto como individuos, como ciudadanos y como artistas. La pieza no intenta entregar respuestas ni aleccionar, sino que generar una fisura para que podamos cuestionar juntos los imaginarios que nos han colonizado hasta el día de hoy. 

Seguramente hoy en día sigue vigente esa imagen arquetípica y exotizada de “lo mexicano” en diversas partes del mundo, como también sucede en el reduccionismo y homogeneización que hacemos de las identidades de diversos países, principalmente aquellos que no pertenecen al Norte Occidental. La pregunta es ¿cómo hoy relevamos y potenciamos nuestras diversidades, nuestras otredades y particularidades, escapando de la exotización que los Estados o grupos de poder quieren hacer de nosotros?  Ya sea por pertenecer a un pueblo originario, o a un territorio periférico, por tener una lucha política particular, por ser activistas o disidencias sexuales. ¿Cómo resistimos a las prácticas coloniales que se mantienen hasta el día de hoy? Prácticas de pensamiento, prácticas económicas, prácticas culturales, prácticas de construcción de imaginario, prácticas de modelos educativos, prácticas de creación artística, teñidas de la herencia colonial, incluso viniendo de nosotros, los colonizados. 

NUEVO ZOOLOGIQUE MEXICANO. Dirección y concepto: Rosa Landabur. Performers: Alberto Montes y Rolando Hernández. Diseño Escénico: Aurelio Palomino.

La pieza fue estrenada en 2018, en el marco del “Festival de danza, coreografía y performance: Encender un Fósforo”. Se presentó en el CCEMx y en el Museo Universitario del Chopo. En 2019 fue parte de la programación de  “Festivales de Barrio”, de la Secretaría de Cultura de la CDMX, presentándose en diversos espacios como parques, tianguis y secundarias de zonas periféricas de la ciudad. Fue parte de la programación del 8º Encuentro Internacional de Jóvenes Creadores/as en las Artes Escénicas “Encuentro Emergentes 2019” realizado en Mairena del Alcor, Sevilla, España. La obra sigue vigente con fechas programadas para el 2021.


Rosa Landabur (1984). Artista escénica chilena, desde 2017 reside en México. Es creadora, directora escénica, actriz, docente y gestora cultural. Su búsqueda artística está centrada en el rescate de historias no oficiales de territorios periféricos y disidentes, propiciando espacios de diálogo en torno a la historia y construcción identitaria; ahondando en las temáticas de colonialismo, patria, raza, sincretismo, abandono, cuestionando verdad y moral. Indaga en la visualidad, el cuerpo y las atmósferas cómo materialidad del relato escénico y configuración de memoria e imaginario. Sus creaciones dan cuenta de diversos síntomas sociales expresados en la escena, utilizando variados lenguajes: teatro, performance, danza, instalación, artes expandidas. Actualmente es la directora artística de Landabur&Cia. y se encuentra colaborando con  Cie l´insoumise (Francia) y KimvnTeatro (Chile). 

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