NOTAS SOBRE UNA TIERRA EN MOVIMIENTO. En los años setenta, James Lovelock y Lynn Margulis propusieron una idea radical: la vida en la Tierra no solo depende de condiciones físicas previas, sino que es la propia vida quien ha transformado activamente esas condiciones. La Tierra —leída como Gaia— se presenta como un sistema autorregulado, donde los organismos que la habitan interactúan con la atmósfera, la hidrosfera y la litosfera, modificándolas y a la vez siendo moldeados por ellas. Esta visión no pretende una lectura idealista del planeta como un ser con voluntad propia, sino que reconoce que su estabilidad y transformación surgen de una red compleja de interacciones.