Tren al sur. Curaduría contemporánea desde y en Latinoamérica

Paola Calatayud <3

Son muchas las definiciones y acepciones que se han formado alrededor de la práctica de la curaduría y el curador. Desde hace unos años se ha buscado superar la figura del curador estrella y los grandes discursos curatoriales, impulsar la apertura al diálogo y construcción de identidad, a partir de la capacidad micropolítica de la práctica curatorial.

En este escenario es que la curaduría parece dirigir las preguntas sobre su quehacer y función: ¿hacia dónde orientar su labor?, ¿hacia lo expositivo?, ¿a lo relacional? El 12 de junio de 2021 fue la presentación en Aeromoto de “Aproximaciones Curatoriales”, primera publicación de Intercuraduría¹, una serie de escritos en torno a la práctica e investigación curatorial, la figura y posición del curador contemporáneo dentro del contexto local, mexicano y latinoamericano, así como nuevas posibilidades y derivas para el quehacer curatorial; del cual ya preparan su segundo material impreso y que está proyectado a presentarse en septiembre de 2021.

En esta primera publicación participaron curadoras y curadores interesados en los muchos ángulos y salidas que puede tener la curaduría, ellxs son: Diego del Valle Ríos², Doreen Ríos, Christian Gómez, Adriana Flores, Cristina Torres y Emilya Rendón. Todxs posicionándose desde su propia experiencia y quehacer dentro de las prácticas artísticas y curatoriales en México, pero todxs interesados en nuevas formas de curaduría.

Una de las posibilidades presentes es el llevar la curaduría al escritorio. Diego Del Valle Ríos al igual que Willy Kautz³ han hablado del trabajo del curador como editor, curar es publicar⁴, haciendo un llamado a la publicación como posicionamiento político, siendo así que la curaduría vuelca su interés en la escritura como acto creativo, “un artefacto narrativo en proceso, un modo de escritura siempre-en-curso, que juega a construir e intensificar los posibles sentidos de una experiencia sensible necesariamente incompleta.”⁵ Donde las publicaciones independientes y autogestivas, en plataformas digitales o físicas, cobran suma importancia. Proyectos como Terremoto, Gastv, Tlaxcala3 y otros más que recién ven la luz, Chiquilla te quiero, Intercuraduría, Nohacernada.org hacen hincapié en la curaduría como investigación y escritura (auto)crítica.

Hay un profundo desencanto por el cubo blanco, dentro del cual el quehacer curatorial busca explorar un más allá de sus límites y posibilidades como un potenciador y acompañante, como espacio de voz para el otro, más que como un representante o portavoz mesiánico. Eliminar al rey/la reina⁶ haciendo énfasis en la construcción y búsqueda de nuevas voces y espacios que permitan la curaduría más allá de los límites institucionales y jerárquicos, partiendo de la construcción y fortalecimientos de los afectos y vínculos con el otro por medio del cuestionamiento y la apertura a otras formas de realizar curaduría a partir de técnicas y métodos como la despatriarcalización del archivo⁷, la curaduría en la web y la curaduría como edición.

Siendo así que la curaduría busca su emancipación y desbordamiento más allá de los dispositivos de exhibición establecidos, bienal, museo, feria de arte, etc., ser autogestiva mediante la creación de proyectos independientes, fuera de la institución y a partir de una producción horizontal.

Como trabajo cultural la curaduría es política, se inserta en los espacios cotidianos de la vida; como proceso es cambiante y su práctica debe anteponerse a la teorización, aunado a esto se comienza a problematizar sobre las diferencias operacionales y espaciales de la curaduría web, la curaduría física y la de escritorio. Debido a la pandemia de la Covid-19 muchas de las prácticas curatoriales se han volcado a lo digital. Tal es el caso del MUAC con la inauguración de su Sala 10, espacio de conversación, exposición y curaduría “desmaterializada”, y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) con La historia como rumor, un programa de exposiciones online que busca documentar la práctica del performance en América y el Caribe, ambas propuestas son programas expositivos, de diálogo y análisis partiendo del trabajo colaborativo con diferentes instituciones, curadores y artistas.

La curaduría hace tiempo pareciera no solo estar en el espectro de lo artístico sino en lo vivencial y social, se reflexiona sobre la figura del curador y su agencia desde la práctica y se plantea su labor como potenciador de otros mundos posibles, que permeen más allá de la representación del arte y del dispositivo de exhibición.

Es también un quehacer histórico susceptible a sus circunstancias, posibilidades y espacios, un acto de micropolítica como el que propuso Ivo Mesquita para Cartographies, 1993, donde presentó “una metodología de curaduría capaz de abordar la producción artística institucionalizada y preservando la especificidad de los discursos plásticos (…) someter a debate el papel del curador del arte contemporáneo considerando su institucionalización como punto de referencia del conocimiento y poder en el circuito de las artes visuales.”⁸ Así, el curador como cartógrafo permite detectar las problemáticas del arte, del espacio y comunidad, y su labor es establecer líneas de acción que permeen en lo social y, como incluye Gerardo Mosquera en “Caminando con el diablo”, desde y en lo social y comunitario, desde América Latina en el que “se supera el estigma de mirar al otro, (se debe) mirar hacia afuera, (y) mirar hacia nosotros.”⁹

Como profesión en Latinoamérica, la curaduría llegó con fuerza crítica y reflexiva a partir de los ochenta con la aparición de cursos, programas de estudio y el surgimiento de espacios de especialización académicos e independientes autogestionados por artistas y curadores locales, que dieron origen a curadores estrellas y referentes contemporáneos como los ya mencionados Ivo Mesquita y Gerardo Mosquera, Mari Carmen Ramírez, Luis Camnitzer, Cuauhtémoc Medina, entre otros. Actualmente pareciera haber un revival de las ideas, práctica y posicionamiento de estos curadores, pero volcado en el pensamiento en comunidad y social, acompañado del nacimiento de espacios de especialización, actualización e investigación para la profesionalización, práctica y crítica de la curaduría.

La producción se torna colectiva, cooperativa, crítica y experimental. Es pues, el curador quien sienta las bases para el trabajo en grupo y genera comunidad teniendo como origen la comunidad en que se realizará la práctica ya sea de manera institucional o independiente, en la que se sobrepasa el concepto de autoría, eliminando jerarquías, derivando en prácticas de creación colectiva, relacionales y de injerencia en su contexto.

Tales son los casos de la curaduría de la 21 Bienal de Arte Paiz “Más allá”, 2018, en la cual Gerardo Mosquera, Maya Juracán, Laura Weller y la curadora pedagógica Esperanza de León formaron un equipo curatorial que buscó trabajar la bienal desde las periferias de Guatemala y establecer diálogo e intercambio con las comunidades a través de talleres, conversatorios y actividades descentralizadas; estrategia similar utilizada por La Nana, Laboratorio Urbano de Arte Comprometido, que comienza su labor en 2009, establecido en el corazón de La Guerrero, colonia popular y considerada de las más peligrosas de la Ciudad de México, actualmente gestionado y curado por Nahui Twomey, Grecia González, Ara Flores y un equipo de trabajo, en el que mediante la realización de distintos tipos talleres de arte, escritura, etc., para todo tipo de públicos, se busca generar comunidad a partir de la misma comunidad de La Guerrero, acercar a la población al arte con base en intereses localizados y específicos.

Es desde el quehacer curatorial colectivo que se dan estos cruces con otras áreas como campo de acción como la antropología, ecología y bioética, entre otras, lo que llama Cuauhtémoc Medina, la curaduría como Frankenstein¹⁰, no solo enriqueciendo su práctica con otras disciplinas, si no de otras realidades. La curaduría debe articular montajes, exposiciones reflexivas, acontecimientos y vincularse con los contextos en que habita o se gesta; a través de su potencial político, social y de contagio entre disciplinas permite el diálogo con el espacio, el público, que surge de lo relacional, del diálogo e intercambio con la comunidad; como acontecimiento que altera el espacio, ya sea dentro o fuera del cubo blanco, y genera un cambio por muy breve que sea.

Del ferrocarril que me llevará…
Rutas para una curaduría latinoamericana

La curaduría desde Latinoamérica y en México puede definirse como territorios dentro de territorios, mapas y límites, que si bien son movedizos establecen tensiones y acuerdos, dialogan entre sí, en los cuales la práctica curatorial contemporánea pareciera retomar interés y volverse sobre sí misma. Pues, cuando se piensa en lo latinoamericano se tiende a referir en función de lo que el otro ha hecho de ella, de ahí la importancia de enunciarse desde qué posición vemos, pensamos y llevamos a cabo la curaduría.

El género, sexualidad, raza, disidencia, lo político y sensible dan origen a una curaduría en contrapunto al canon y perspectiva occidental, donde desde Latinoamérica y en México se presenta como el conjunto de todo que parte de sus diferencias y singularidades, una mirada interna y externa.

La curaduría como edición, exhibición en espacios físicos o virtuales, y (auto)crítica se encuentra en continuo proceso, se va desarrollando sobre la marcha y el contexto histórico y social en el que se ubica, tiene la capacidad de potenciar los discursos y experiencias sensibles. Se desborda y emancipa de las instituciones y de los dispositivos de exhibición para regresar a tomar control sobre ellas tomando como punto de inicio lo local y lo (auto)crítico. 

Siendo así necesario repensar y replantear el ritmo de las exposiciones, del quehacer curatorial e investigativo de gran velocidad, por prácticas que alienten la reflexión de las problemáticas y de la curaduría misma, que considere la obra de arte, el espacio y espectador en conjunto como comunidad. Aunque la práctica curatorial se ha abierto al diálogo y la integración de la otredad, en la práctica como ejercicio, texto y objetivo sigue inmersa en mecanismos y dispositivos que impiden su funcionamiento como espacio de reflexión. 

Las exhibiciones terminan por reinsertarse en una política de mercantilización, espectáculo y diseño; la otredad y el uso de desde y en para referir a la práctica desde Latinoamérica se reintegra en lo exótico en forma de artículo promocional, kitsch, o artesanía tropicalizada. Es, en este escenario que cabe lanzar la pregunta de ¿si estas prácticas de representación y visibilidad de las instituciones y de la curaduría realmente buscan generar un cambio o reorganización en los modos de representación e inclusión, si hay un interés legítimo?, o ¿solo responden a temáticas y exposiciones blockbusters

También se debe considerar que, paradójicamente, es esta política de mercantilización la que alimenta el quehacer de la curaduría institucional, así como la independiente, fomenta la creación de espacios para la reflexión, así como los comercializa, y que es un mal necesario para la existencia de la otra. Por lo cual, el objetivo principal de la práctica contemporánea es desbordar la curatorial, subvertir y apropiarse de los dispositivos y espacios de exhibición y curaduría, pensar la curaduría como “un caballo de Troya”11 en las instituciones, acompañada de curadores e investigadores, artistas y agentes creativos que pertenezcan y vivan estas problemáticas, más allá de un interés artístico, de investigación o antropológico. 

Finalmente, es necesario apostar por la posibilidad de generar un compromiso, establecer vínculos como problemáticas o causas, generar investigación curatorial y que estas acciones se tornen en cambios y manifestaciones micropolíticas, en acontecimientos que generen una reflexión desde y en las instituciones y sobre todo la comunidad. Haciendo énfasis en que entender y generar vínculos con el contexto específico es ubicar la práctica curatorial en un momento histórico y la situación específica en y desde la que opera.

¹Formado por Emilia Rendón, artista y curadora independiente, y Adriana Flores, gestora cultural y curadora independiente, Intercuraduría es: “un proyecto curatorial para dialogar, debatir y compartir conocimientos e inquietudes en torno a la práctica curatorial desde diferentes posicionamientos actuales” que nace en pandemia en 2020 y que se ha ido socializando a través de redes sociales. Statement de Intercuraduría en: https://intercuraduria.com/acercade

²Cabe mencionar que parte de la investigación de este ensayo se basó en esta serie de textos y la publicación número 11 de la Revista Terremoto “Curadores al borde de un ataque de nervios” de 2018, misma donde Del Valle Ríos es editor y que reflexionó sobre la práctica curatorial contemporánea. 

³Lorena Peña Brito sobre Willy Kautz en Víctor Palacios Armendáriz, Willy Kautz, et.al, “Sentido, actitud y presente”, en Terremoto, 12 de febrero de 2018. Diego Del Valle Ríos en “¡Fuego a las fábricas de blanquitud!”, en Intercuraduría, (México: Intercuraduría, 2021).  

⁴Diego del Valle Rios, “¡Fuego a las fábricas de blanquitud!”, en Intercuraduría, (México: Intercuraduría, 2021), 81.

⁵Nicolás Cuello sobre el trabajo del curador argentino Marcelo Pacheco en “Los agujeros de la imaginación sexual”, en Terremoto, 23 de abril de 2018.

⁶Christián Gómez, “¿No puede alguien morir por mi?”, en Intercuraduría, (México: Intercuraduría, 2021).

⁷Esta propuesta de método forma parte del Taller y Seminario “Despatriarcalizar el archivo” impartido y coordinado por Roselin Rodríguez y Natalia de la Rosa. Ver: https://despatriarcalizarelarchiv0.hotglue.me/?menu

⁸Ivo Mesquita, “El curador como cartógrafo”. En José Bedia, Germán Botero, Marta María Pérez Bravo, et. al., Cartographies, (Winnipeg: Winnipeg Art Gallery, 1993), 14. 

⁹Gerardo Mosquera, Caminar con el diablo. Textos sobre arte, internacionalismo y culturas, (Madrid: Exit Publicaciones, 2010). 

¹⁰Se refiere a la curaduría como un modelo de enseñanza pero que también es aplicable a su quehacer. Ver: Cuauhtémoc Medina, “Raising Frankenstein”, en: Scott, Kitty, ed. Raising Frankenstein: Curatorial Education and Its Discontents. Italia: Koening Books, The Banff Center, 2010.

¹¹Analogía realizada por Ponce de León en Carolina Ponce De León y Natalia Valencia, “Carolina Ponce de León, de adversidad vivimos”, en Terremoto, 26 de febrero de 2018, y por Carlos Garrido Castellanos refiriendo al quehacer de Gerardo Mosquera durante las primeras tres ediciones de La Bienal de La Habana en Carlos Garrido Castellano y Renata Ribeiro Dos Santos, “Gerardo Mosquera. Localizando el arte internacional”, 4 de noviembre de 2013.

Bibliografía

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DEL VALLE RIOS, DIEGO. “¡Fuego a las fábricas de blanquitud!”. En Aproximaciones curatoriales. México: Intercuraduría, 2021.

GÓMEZ, CHRISTIAN. “¿No puede alguien morir por mi?”. En Aproximaciones curatoriales. México: Intercuraduría, 2021.

MEDINA, CUAUHTÉMOC. “Raising Frankenstein”. En: Scott, Kitty, ed. Raising Frankenstein: Curatorial Education and Its Discontents. Italia: Koening Books, The Banff Center, 2010.

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Web

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GARRIDO CASTELLANO, CARLOS y RIBEIRO DOS SANTOS, RENATA. “Gerardo Mosquera. Localizando el arte internacional”. 4 de noviembre de 2013. Disponible en: <https://www.academia.edu/35910662/GERARDO_MOSQUERA_LOCALIZANDO_EL_ARTE_INTERNACIONAL&gt;. Consultado última vez el 15 de junio de 2021.

PALACIOS ARMENDÁRIZ, VÍCTOR, KAUTZ, WILLY, et.al. “Sentido, actitud y presente”. En Terremoto. 12 de febrero de 2018. Disponible en: <https://terremoto.mx/revista/sense-attitude-and-present/&gt;. Consultado última vez el 10 de junio de 2021.

PONCE DE LEÓN, CAROLINA y VALENCIA, NATALIA. “Carolina Ponce de León, de adversidad vivimos”. En Terremoto. 26 de febrero de 2018. Disponible en: <https://terremoto.mx/revista/carolina-ponce-de-leon-of-the-adversity-we-live/&gt;. Consultado última vez el 12 de junio de 2021.


Paola Calatayud Gómez (México, 1993). Curadora, artista visual, diseñadora industrial e historiadora de arte. Actualmente cursa la Maestría en Historia del Arte en la UNAM en Estudios Curatoriales. Sus intereses abarcan la curaduría y el arte contemporáneo mexicano y  latinoamericano y la cultura pop. En 2018 realizó prácticas profesionales en el MUAC/UNAM en el área de curaduría. Ha colaborado como curadora y museógrafa en diversos colectivos como Colectivo Tres, la Galería Autónoma de la FAD/UNAM y proyectos independientes.

*Imagen principal: Alfredo Ceibal, dibujo de la serie presentada en la 21 Bienal de Arte Paiz “Más allá” en 2018.