Santísima trenza:
Qué show, te escribo como despertando, entre una cosa y otra, como de costumbre, no sé cómo llegué aquí, amaneciendo de nuevo en Metrán, donde el cielo siempre se me figura púrpura, o lila, o quién sabe si así se diga, ha de ser lo mismo, me gusta eso de lila, tiene algo, como si fuera azufre pero mágico, un mineral descontrolado. De tanto pensar en cómo nombrarte se me olvidó todo otra vez, ya te escribí este mensaje varias veces al aire, en silencio, se me descompusieron las palabras, como en Califas, cuando te hicieron brujería con velas sin contar con que te convertirías en la santa trenza y aparecerías en el cuarto de fumar bien torcida, sin poder hablar nada, muriéndonos de frío, aguantando nomás por el Wallace Cero Crudas, y pasaste quién sabe cuántos días como bulto de silencio. Quería besarte. Otra vez pierde la cordura, mi estimade irak, algo así me pasó, no sé si tenga que ver con tu tránsito etéreo como santa trenza o con las cápsulas de Fresneda. Son un placebo curioso, él dijo que contienen piedra noble con bicarbonato, pero no sé, tuve que probar de varias, me dejé llevar por los colores y me eché un bonche a la boca, quizá ahí estuvo el detalle. Me atoré luego de un poema de Fabre, la verdad es lo único que conozco, dicen que es importante pero no lo manejo, solo recuerdo ese, el de Sumi-e. Te digo, otra vez pierde la cordura, quisiera andar contigo rumbo al castillo de los duendes, pero no pude contestarte ayer que me llamaste, todo me parecía un dibujo, me estaba botando el trip a penas, tenía el librito de Samuel y Felipe en las manos y todo comenzaba a piratearse bien crazy, pero todo miel, tranqui, está lindo el renacuajo en fotocopia que sale ahí, no es mala idea, mi estimadi, un final de nuestros tiempos, pura pena, pura rabia santa de la guerra íntima. Ayer no podía hablar, pero pensé que el final de nuestros tiempos no es el final de la tierra, no sé, no me convence la idea que se vaya a acabar. Siento más bien que el planeta soluciona, apenas viene, te digo, hay que aprender a escuchar, quizá son las personas nomás quiénes llegaron a su cénit, es complicado transformar esta matriz bélica, reinventar rituales, producir mundos. No es imposible, eso sí. Atravesar la agonía y volver a respirar. Sumi-e. Eso sentí cuando vimos a Quirola en la azotea, cuando abrió el encuentro con Maggie y su amigui de anteojos y melena, entre la ruina y el silencio, recuperando el aire con sus cabellos en las manos, un ritual abrazo para sanarse el deseo. Arriesgar y reinventar sentirse. A mi se me va la respiración bien seguido, aún no puedo hablar, quién sabe cuánto de lo que pensé permanece en silencio, esto que te cuento apenas me es perceptible. Pero sí recuerdo el chile que se vocifera –un excelente material para destruir–, me comí tu taco de cabeza de serpiente, de chorizo caído, y soñé que los soñadores habían ido a la guerra florida. Espero verte pronto en la carretera, mientras tanto te mando estos dibujos que me persiguen en secreto.
abrazis,
síguela gozande,
cenzontle A.
mandarinas
Un cítrico brota junto a otro cítrico: así comienza
una raíz de fruta.
Una raíz de fruta:
dulce coordenada de silencio. Un cítrico:
peligrosa coordenada de silencio. Dulce y peligrosa: una mandarina.
Un cítrico escurre sobre la cáscara de otro cítrico: ¡un banquete!
Una raíz de fruta
o dos o tres o cuatro mandarinas que ya van siendo mapa.

león
Un rugido después de otro rugido: así comienza
un felino.
Un felino:
espléndida melena de silencio. Un rugido:
deliciosa melena de silencio. Espléndida y deliciosa: una escultura.
Un rugido mastica en la boca de otro rugido: ¡un león!
Un felino
o una escultura que se tragó la crema de tus fantasías.

picantitos
Un ají pegadito con otro ají: así comienza
una receta.
Una receta:
promiscuo conjuro de silencio. Un ají:
enculado conjuro de silencio. Promiscuo y enculado: un picantito.
Un ají palpita sobre el cáliz de otro ají: ¡una corrida!
Una receta
o siete riquísimos picantitos para chuparse los dedos.

arrastre
Una cadena tira de otra cadena: así comienza
un castigo.
Un castigo:
indómito bulto de silencio. Una cadena:
humillante bulto de silencio. Indómito y humillante: un arrastre.
Una cadena sigue los pasos de otra cadena: ¡un baile!
Un castigo
o la memoria de un arrastre por andar de tacones en la tierra.

corte
Una oración seguida de otra oración: así comienza
una súplica.
Una súplica:
ferviente antídoto de silencio. Una oración:
placentero antídoto de silencio. Ferviente y placentero: un altar.
Una oración protege a otra oración: ¡una corte!
Una súplica
o una oración a la corte travesti que adora el placer.

tetas
Un cuerpo sobre otro cuerpo: así comienza
una piel.
Una piel:
expuesta masa de silencio. Un cuerpo:
delicada masa de silencio. Expuesta y delicada: una cortina.
Un cuerpo señala a otro cuerpo: ¡unas tetas!
Una piel
o unas tetas que denuncian tu mirada a través de la cortina.

Escriben Berna N. Magdaleno, irak morales, la santa trenza
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