La cara animal de la brutalidad racista

Hélio Menezes <3

Al empuñar la cabeza de un cerdo, un manifestante de Minneapolis actualiza el simbolismo del animal como la encarnación del enemigo, redistribuyendo la violencia a la disputa de imágenes y narrativas  visuales.*

El hombre levanta una cabeza de cerdo, sosteniendola por las orejas con sus propias manos, como si fuera una bandera. Es una advertencia. Es también un amuleto. El registro fotográfico, realizado en Minneapolis por Jeff Wheeler en el segundo día de protestas después del asesinato de George Floyd, ha estado circulando en las redes sociales junto a docenas de fotografías de edificios en llamas y otras escenas impactantes de los levantamientos raciales que han tomado los Estados Unidos- y que se esparcen como pólvora por todo el mundo.

Sin embargo, esta imagen en particular, es demasiado fuerte y simbólica para no sacudirnos. La pieza flácida del cerdo decapitado, tan blanca, tan rosada, moribunda, contrasta completamente con el rostro negro del sujeto que la empuña justo encima y frente a su propia cabeza. Sus facciones son serías, vívidas; los ojos enfocados, la boca cerrada, los puños apretados (un gesto clásico de orgullo negro) y la altivez de la postura evocan sentimientos de revuelta y serenidad en igual medida; y remite a ese estado del espíritu propio de quién, en medio de la violencia, encuentra una forma de organizarla y devolverla, como puede, a aquellos que la perpetran continuamente en su contra- aunque sea como un signo.

Las personas alrededor, hombres y mujeres, blancos y negros, máscaras en sus rostros y teléfonos celulares en sus manos- objetos que se convirtieron en una especie de extensiones-cyborg del cuerpo en tiempos pandémicos, escudos indispensables para quién hoy sale a la calle, registran el contraplano de la imagen. No podemos verlo, pero los elementos dispuestos nos permiten inferir con seguridad de qué se trata: es la policía del otro lado, a su lado, empuñando sus armas y demás tecnologías de violencia.

Y es contra ella, para ella, que este hombre vestido de negro muestra al cerdo desollado. Sin embargo, ceci n’est pas un cerdo. Al menos no un cerdo cualquiera. “Pig” es un término del argot utilizado para designar, de modo ofensivo, a los agentes policiacos en los Estados Unidos. La asociación también está fuertemente presente en la cultura visual norteamericana, encontramos en las impresiones de Emory Douglas de los años sesenta y setenta un poderoso discurso visual que vincula definitivamente al pobre mamífero con la figura del policía racista. Si en el plano de lo real la violencia genocida de la policía ha convertido las vidas negras en objetivos de represión, encarcelamiento y muerte, en el plano inverso de lo simbólico es el animal-policía el que aparece abatido, vencido, inanimado. En los periódicos de las Panteras Negras de ayer, como en la foto del Star Tribune de Minneapolis a la que ahora volteamos nuestros ojos.

Ilustración de Emory Douglas para el periódico de las Panteras Negras, noviembre 1969

La estrategia de redistribuir la violencia por medio de la disputa de imágenes y narrativas visuales es parte integral y de larga data de las luchas negras en los EUA y en todas partes. Este juego de inversiones hace que la composición fotográfica sea todavía más intrigante. La cabeza del animal y la cara del hombre, alineadas, forman un paralelo perturbador con la imagen que, de cierto modo, la originó: el infausto video en el que vemos, el rostro del policía Derek Chauvin, mientras presiona la cabeza de George Floyd hasta sofocarlo, la cara perversa del racismo institucional insostenible en uniforme. En la foto, como en el video, se destacan el contraste y las posiciones de las cabezas blancas y negras.

Y remite a otra imagen poderosa, aunque menos conocida. Se trata de Bitwa in San Domingo (1845), un lienzo del polaco January Suchodolski que proyecta, algunas décadas después, cómo se habría desarrollado una de las batallas del proceso de guerras de independencia de Haití. Un proceso que, a la vuelta del siglo XVIII para el  XIX, transformó a la colonia azucarera más rentable del imperio colonial francés en el primer país del Nuevo Mundo en abolir la esclavitud. La pintura, poco acostumbrada al realismo de los hechos, no escapa a la mirada colonial de su contexto. Imagina a un ejército negro desorganizado, sin camisa, con armas rudimentarias, en oposición a un ejército europeo alineado, bien vestido, a caballo. En el lado izquierdo del lienzo, un soldado negro, probablemente ex-esclavo, empuña la cabeza de un hombre blanco- una forma del pintor para ilustrar el supuesto salvajismo y la violencia de los abolicionistas e independentistas de la entonces isla de Santo Domingo, cuya fama asustó a Europa y sacudiría todo el sistema colonial, inspirando revueltas de esclavos en el Caribe y en todo el continente americano.

“Bitwa in San Domingo” (1845), January Suchodolski

De manera similar al cuerpo que evoca los brazos extendidos del hombre en la foto en Minneapolis, también el soldado del lienzo, en un gesto altivo, sostiene la cabeza por encima y frente a su rostro, formando un paralelo, dirigido y en contra del ejército blanco que lo encara. En ambas imágenes, a la manera de los antiguos rituales de sacrificio y purga, las partes decapitadas parecen funcionar como un amuleto apotropaico, ofrecido para evitar desgracias e infortunios. Por cierto, se dice que la revolución haitiana comenzó en la noche secreta de la ceremonia de Bois Caïman, un gran ritual  vudú que, según la historia oral aún contada en Haití, reunió a cientos de esclavos para, después del sacrificio ritual de un cerdo – ¡atentos! – desencadenar las revueltas que culminarían en la abolición de la esclavitud.

Quizás a partir de ahí, quién sabe, y de los muchos otros relatos y rumores de decapitación de soldados blancos, de puercos inmolados para la protección física y espiritual de los negros esclavizados, Alejo Carpentier ha encontrado la fuente para la apertura de su “O reino deste mundo” (1985), en la que recrea, literaria e imaginativamente, los años sangrientos de la revolución haitiana. Ti Noel, un personaje de la trama, tal vez sirva como un buen apodo para estos dos sujetos negros que, como Ogum, cortan las cabezas de los opresores y las exhiben, sin miedo- en la vieja batalla de Santo Domingo o en las nuevas batallas de Minneapolis. El extracto vale ser citado:

Mientras el amo se hacía rasurar, Ti Noel pudo contemplar a su gusto las cuatro cabezas de cera que
adornaban el estante de la entrada. Los rizos de las pelucas enmarcaban semblantes inmóviles, antes
de abrirse, en un remanso de bucles, sobre el tapete encarnado. Aquellas cabezas parecían tan reales
—aunque tan muertas, por la fijeza de los ojos— como la cabeza parlante que un charlatán de paso había traído al Cabo, años atrás, para ayudarlo a vender un elixir contra el dolor de muelas y el reumatismo. Por una graciosa casualidad, la tripería contigua exhibía cabezas de terneros, desolladas, con un tallito de perejil sobre la lengua, que tenían la misma calidad cerosa, como adormecidas entre rabos escarlatas, patas en gelatina, y ollas que
contenían tripas guisadas a la moda de Caen. Sólo un tabique de madera separaba ambos mostradores,
y Ti Noel se divertía pensando que, al lado de las cabezas descoloridas de los terneros, se servían
cabezas de blancos señores en el mantel de la misma mesa.

Agradecemos al autor el permiso para la traducción y publicación por parte de Chiquilla electrónica. 

*Publicación original en la Revista Serrote, 34, del Instituto Moreira Salles, disponible en https://www.revistaserrote.com.br/2020/06/a-face-animal-da-brutalidade-racista-por-helio-menezes/

Este artículo es parte de la serie #IMSquarentena, que reúne ensayos de la colección, colaboraciones inéditas y una selección de textos que ayudan a reflexionar sobre el mundo en tiempos de pandemia. 

Imagen principal: Protesta contra el asesinato de George Floyd en manos de la polícia de Minneapolis (Jeff Wheeler/Star Tribune via AP/27-05-20)


Hélio Menezes (1986) es antropólogo, trabaja como curador, crítico e investigador. Es curador de arte contemporáneo en el Centro Cultural São Paulo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s